El prodigio del
lavado
es volver lo
manchado impecable,
las prendas que se
empaparon de sudor
por el esfuerzo y
el uso prolongado.
Sobre la pila, una manos
hábiles
restriegan la fibra
con espuma de jabón,
como el poeta va
ensartando palabras:
las escoge, las
pule, las conecta
y va tendiendo en
la cuerda del papel
cada sintagma, cada
verso, cada estrofa.
La lavandera palpa
en sus manos
la suavidad del
tejido y también lo abyecto,
encuentra lo hosco
y vuelve a restregar;
el poeta sustituye
una palabra por otra
buscando el mejor
sentido, el mejor sonido,
la metáfora más
osada, el tirabuzón
o la musicalidad de
cada una de sus teselas,
Es un combate
consigo mismo:
lee, tacha,
emborrona, sustituye, pule…
Vuelve a poner más
jabón, aclara, restriega de nuevo,
le aplica
suavizante en el último aclarado,
y cuando ya está el
poema impreso
y huele a limpio,
soleado, resplandeciente,
y los colores son
los apetecidos,
volvería de nuevo a
restregarlos en la pila,
porque un poema es
tan exigente
como lo impoluto de
una blusa que ha de rozar tu piel.
Siempre admite lo escrito nuevo lavado y añadir suavizante.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco.
Creo que es un acto muy generalizado, pero en concreto Juan Ramón Jiménez es ejemplo de un proceso extremo de depuración en lo que a la expresión se refiere.
EliminarUn abrazo.
¿Pero que dices?, para que se inventó la lavadora y la secadora, déjate, hoy las niñas y menos los niños no saben como se lava una camisa para dejarla impoluta; con la escritura no vale nada de eso, la blanca página tiene que estar limpia antes de poner negro sobre blanco y además hay que emborronar muchas veces.
ResponderEliminarUn abrazo
Lo que he intentado es hacer un parangón con el proceso creativo del poeta.
EliminarUn abrazo.
¡Ayyyy! pero qué preciosidad! Cómo se nota que has lavado bien, ja, ja, pero sobre todo ¡cómo se nota que eres poeta! Lo has descrito meticulosamente, con gracia sin igual, comparando ambas tareas magistralmente. Me encanta.
ResponderEliminarUn abrazo para este luminoso domingo que nos has pintado con tus resplandecientes letras (no las cambies nunca, ¿he?, ja, ja) :) :)
Pero más me encantas tú. Gracias por tu análisis y por tu sentido del humor.
EliminarUn fuerte abrazo.
Hermoso poema a estas personas que hacen ese trabajo tan indispensable...¿Imaginas tenernos que poner la ropa sucia durante meses y meses si no se lavaran? Totalmente antihigiénico y perjudicial para la salud. Loable trabajo el de lavar la ropa.Saludos
ResponderEliminarMuchas gracias, Charo, por tu comentario.
EliminarUn abrazo.
Poema muito bonito que muito gostei de ler
ResponderEliminar.
Votos de um domingo feliz
Abraço
Muy agradecido, Rykardo.
EliminarAbraços.
Labores ancestrales. El lavado en el río o en el barreño, dejar impoluta la colada. Así las palabras, si es que lo consiguen, dejan impoluto el pensamiento y se retuercen en metáforas que desprenden imágines reflejadas en el cielo nocturno.
ResponderEliminarSalud, Francisco.
Anna Babra
Gracias, Anna, por tu comentario. Mientras lo escribía estaba presente la imagen de mi madre lavando en el río Almmadán y yo jugando con barquitos de papel.
EliminarUn abrazo.
Acertada analogía, Francisco, le has pegado a la diana con tu hermoso poema... tanto lo uno como lo otro requieren dedicación y mucho amor.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, Rafael, por tu hermoso comentario.
EliminarUn abrazo.
Aunque la lavadora nos facilita los lavados, si hay alguna mancha en la ropa, hay que tratarla y frotarla, antes de meterla en la lavadora. De lo contrario, cuando vas a tender , tendría esa mancha en la ropa y tendrías de nuevo que lavarla hacer ese paso tan necesario, que dejastes atrás.
ResponderEliminarBesos
Al poeta le sucede lo mismo: para que no se vean las tachaduras ha de reescribir lo escrito hasta que quede impoluto, como hacía Juan Ramón.
EliminarBesos.
El lavado siempre ha sido "las redes del pueblo", el mentidero en el que las mujeres se ponían al corriente de todo lo que pasaba en el pueblo.
ResponderEliminarMe admira la facilidad que tienes para poner poesía en las cosas prosaicas del día a día.
No es el azar, Tracy, sino la intención de elevar lo mínimo a la categoría de máximo.
EliminarUn abrazo.
Sin duda has puesto el jabón de la inspiración para lavar la confusión mental y aclarar la página, que ya luce el poema, Francisco.
ResponderEliminarLa acción de lavar, lleva mucho de limpieza, creatividad y renovación. Tu te has valido de ello para darle dignidad y visibilidad al trabajo del poeta.
Mi felicitación y mi abrazo de esperanza renovada para diciembre.
Muchas gracias un día más, María Jesús. Espero y deseo para ti y los tuyos la no impaciencia por los abrazos y que podáis celebrar la Navidad en el amor.
EliminarUn fuerte abrazo.
Aunque no hayas lavado mucho has sabido hacerlo muy bien, mezclando lavado y poesia, como lavar y cantar.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, Rafaela. Sí que recuerdo aquellos días en el río, lavanderas en ambas orillas y todas cantando las coplas del momento.
EliminarUn abrazo.
La lavandería y también la cocina, van muy bien con la poesía. Juntas puede ser. Primero muy limpito el poema y luego a condimentarlo hasta dejarlo exquisito.
ResponderEliminarUn abrazo.
Una suculenta idea, Sara. Otro día probaré hacer un pastel de letras, o un guiso l baño María.
EliminarUn abrazo aromático.
Que oda tan bonita. Lavar a mano ya no lo usan las jóvenes de hoy, todas al ir a vivir en pareja o solas de inmediato compran lavadora... una labor que solo hacían en tiempos pasados, dicen y se rien. Un gusto leerte amigo, saludos.
ResponderEliminarMuchas gracias, Sandra, por tu mirada de aprobación.
EliminarUn abrazo.
Hola Francisco. Qué bonito lo haces todo. Es tan bello lavar a mano igual de bello que leer tus poemas. Tienes un arte exquisito para hacer poemas de cualquier tema. Me ha encantado este poema y más por tratarse del lavado a mano. Yo soy de las que aun lavo la ropa interior a mano :-)
ResponderEliminarAbrazos para tu esposa y para ti. Estáis encantadores en la foto