Aquellos veinte años
fueron la cima de una larga escalada,
que empezaron arropado en pañales
y acabaron a la espera de recibir
el uniforme de soldado,
allá donde el destino lo viese oportuno.
Una subida interminable y cansina
con la meta de ser hombre,
para constatar que la ascensión
es constante tentativa que nunca culmina.
Años, metas volantes que optan al olvido,
que no se colman en sí mismas
y cuya luz, nos hace ver la ceguera
que a esas alturas siguen siendo
el oscuro panorama que persiste.
Aquellos veinte años y estos cuádruples,
para seguir sumido en la ignorancia.