Ahora. Ni ayer, ni mañana, ahora;
este presente que nació en la mocedad
y nos sigue asistiendo en la vejez.
Los recuerdos son el agua de la acequia
y pasa de largo,
y el futuro la que acumulan las nubes
y pueden ser asaltadas por un anticiclón
o desplazadas a un destino remoto y desconocido.
Ni recuerdos ni presagios:
sólo presente y canturreando nuestras emociones.
Contando solo este ahora
en el que nos desenvolvemos,
reconociéndonos, más o menos toscamente.
Ni espejismo deslumbrante y sorpresivo,
ni miedo a encontrarnos en el iris del otro:
una mirada limpia, sin visión desordenada,
un deslumbramiento a los adentros,
esos que se han ido conformado
y fermentado
en el amasijo cotidiano del día a día.




