Me respondió: “Un día”.
Pero no había ninguno marcado en rojo
en su agenda,
y vislumbré la incierta cola de cometa
que no se sabe dónde saetará
el próximo bandazo
-a capricho del viento-
cuál será su próxima coda,
ni los posibles presagios
que pudieran iluminar mi oscuridad.
Vivir en la incertidumbre
es como esperar un diagnóstico médico
atrancado en las listas de espera,
un no saber que nunca llega,
que se enquista en la demora
y resulta abatida por las dudas.
Y de repente, “mañana”,
el repiqueteo de lo inmediato,
horneado y vestido de precipitación,
un tren que ya llega arrastrando demoras
y tensando el arco de la dicha,
antes de ver cómo es mi reflejo
en el lago de su mirada,
y si viene dispuesta a acortar los tiempos
en el paréntesis de los brazos abiertos,
o será un simple trasbordo
para desaparecer nuevamente.






