Pregunté al viento,
y me respondió con la música
de su deambular diario,
colmado de placidez y dominio.
Pregunté al magnolio,
y me aromatizó con tu fragancia
como senda cierta
que lleva directo a ti.
Pregunté al arroyo,
y me respondió con burbujas
como pompas de jabón,
arrumaco de tu belleza.
Pregunté a la luna,
y se llenó de luz reluciente,
antes de hacerme indicaciones
con un guiño sutil.
Pregunté a la brisa,
y se descalzó con suma ternura
como oblación sumisa,
antes de pronunciar tu nombre.
Pregunté al fuego,
y se encendió de cólera
fundiendo las brasas,
por desconocer la respuesta.
Pregunté a la rosa,
y se ruborizó en extremo
asumiendo la desventaja,
empequeñecida por tu belleza.
Y yo me pregunto,
¿estaré a su altura?




