Me pregunto,
desde el Homo sapiens hasta hoy,
¿cuántos pueblos han morado en estas tierras?
¿Cuál o cuales de ellos son
los que han consolidado la españolidad?
¿Cuánto tenemos de íberos
o de tartesios, o de turdetanos,
o de celtas, o de celtíberos o de cartagineses,
o de romanos, o de visigodos, o de árabes...?
¡Hasta ahí podíamos llegar!
¡Los españoles primero: prioridad nacional!
Por tanto, adelante los íberos,
y los tartesios, y los turdetanos,
y los celtas, y los celtíberos, y los cartagineses,
y los romanos, y los visigodos, y los árabes…
Y de esa levadura de masa madre,
la diversidad de tirabuzones de ADN,
y la reminiscencia de aquel Homo sapiens
como punto de partida que nos amalgama:
Yo soy de Pablo. Yo de Apolo. Yo de Cefas…
Y la bandera del Yo, siempre ondeando,
con la que justificarme y ponerme en ventaja
respecto al otro, esa masa anodina y anónima.




