Desempolvar podría ser volver a lo remoto,
levantar esa capa opaca que deposita el tiempo
y regresar al diseño primitivo y tosco,
con sus imperfecciones y sus quebradas.
Hay una luz que recorre los vanos
entre periodos adormecidos en el letargo,
no siempre bien justificados,
pero que encuentran su motivación
en un ayer distante e inconexo
que pide espontáneamente salir a la luz.
Quizás no tenga entidad ni empaque,
tan solo una proyección en un rincón oscuro
donde la luz no llegó a eclosionar;
pero es posible que en esta nueva oportunidad,
aquello que quedó en intentona ilusionante
alcance el brillo que le había sido negado.
Tal vez tenga un futuro inadvertido,
molturado y silencioso, primicia
del brillo cegado que habita lo lóbrego.