A veces enseñorea su escasez
y otras se derrama en abundancia,
así de calmo y así de violento,
así de escaso y así de extemporáneo.
Las más de las veces, cauce huero,
puentes sobre la nada o mar enfurecida,
de cero al infinito sin previo aviso;
en su cauce vacío un influjo de nostalgia,
un eco festivo y verdial de los montes
que tiñen la espera con ecos populares.
A su paso por Málaga, a una y otra orilla,
la recreación de angustias y miradas,
de serena placidez o de alarma infinita,
la arteria por la que, de tarde en tarde,
llora el cauce sus sentimientos de culpa.