El verano ha dejado las puertas
de par en par. Julio avanza
con marcial ardor guerrero.
Ofrezco mi cuerpo a la ciencia
y me dejo hacer un nuevo remiendo,
con el que remediar un descosido.
Sigo. Aquí sigo. No puedo irme
por las ramas y me arrellano
entre mi físico descompuesto
y mi mente febril de ensoñaciones,
que me transportan vivaz
por sendas aún inexploradas.
A lo desgarrado un zurcido,
un nuevo apaño y una nueva dosis
de ilusionada expectativa.
Un orden nuevo,
mientras se deja recomponer.
Hablo en primera persona
con suma alegría,
porque sé que viajo con billete de vuelta,
porque sigo, cargado de ilusión,
y con indestructible esperanza.






