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12 junio 2026

MAYORES

 




Se nos olvidan nuestros mayores,

y, para algunos, ni siquiera cuentan,

o lo hacen en pretérito imperfecto,

que es un agua que no mueve molino.


Últimamente se les ha alargado la vida

hacia la aislada senectud en soledad,

sin darnos cuenta que, como la infancia,

también ellos necesitan ser ayudados.


Son frutales si frutos, sin flores,

sin otra ofrenda que ser leña seca

o apenas un tocón que habla del ayer,

pero que olvidaron conjugar el futuro.


Es verdad que de sus selectas ramas

salieron los mejores brotes y los injertos

que hoy están enramados y arracimados,

florecientes activos en plena producción.


La eternidad está anillada a la historia,

pero no se justifica sino en el presente,

para quien únicamente cuenta la cuenta

y no la añoranza de un tiempo remoto.


La eternidad está en los anales históricos,

pero el tiempo que no es presente activo

es un reloj parado que ha dejado de funcionar.



11 junio 2026

LA ACRÓPOLIS SOÑADA

 




Es tan solo un boceto,

una cartulina manchada de carboncillo,

cuyas sombras hablan de un ayer remoto

que se sustenta en las lecturas,

en la vieja aventura de aquella lejana niñez

que gustaba imaginar todo aquello

que se salía por los bordes de la mente.

Sobraban los motivos

para haberme soñado bucanero o corsario,

pero también un espadachín de florete

o una versión casera del Tempranillo;

pero Dionisio el areopagita

había tomado su nombre del Areópago

y siempre quise sentir el escalofrío

de subir a la colina de Ares

por la ladera sur que lleva,

subiendo el promontorio, a la Acrópolis.

Y abrazar las columnas, y surcar con mis dedos

cada uno de sus acanalados,

distribuidos a lo largo del fuste,

y elevar la mirada al capitel y hacerme un bucle

regresando a la basa con idéntica admiración,

y dejarme tocar el corazón por alguna Cariátides,

y henchido el pecho de tanta belleza,

fijar la panorámica con Atenas al fondo,

a mis pies, y gritar: ¡Logrado!

¡He tomado la Acrópolis


10 junio 2026

UNA ESPADA

 





Una espada,

una espada de acero brillante

y convertida en patrimonio,

allá donde la historia olvida lo esencial

y habla de tiempos remotos.

Una espada heredada y censada,

calada y ceñida

que trae al presente las esencias del pasado,

en el que el portador

se actualiza.

Una espada que es apelativo,

santo y seña,

que lleva en la partitura original

la tonalidad musical de andar por casa,

salvo en los momentos solemnes

que se trasviste de oropeles.

Una espada que ni quita ni pone rey,

cuyo abolengo es la destreza

que disimula cuando va enfundada,

y la versatilidad

de sus diestros arabescos en la empuñadura.

Una espada sometida al silencio,

de brillo enfundado,

por no provocar,

entendiendo que el silencio,

aún bajo las pantuflas de la cobardía,

es prudencia que no se engalla,

pero sabe apoyarse en la empuñadura

si preciso fuera;

y también pedir perdón

como signo de fortaleza,

con tal de no manchar su hoja

de sangre ajena.


09 junio 2026

MESA Y SOBREMESA

 




Sobre el mantel, lo impoluto,

lo sublime de lo planificado,

el equilibrio estético de la cubertería

dibujando el ámbito del plato

y las copas luciendo la sed radical

de una giba que espera saciarse.


No hay lugar preferente,

la mesa redonda es un principio

y un fin en si mismo, la igualdad,

la equidad entre todos los partícipes:

igual luz, idéntico destello, saciedad uniforme.


A los gestos y las sonrisas

se suman los abrazos, la espera contenida

y las agudezas de quienes se anticipan

con gestos diáfanos el compartir.


Un trasiego de platos y un paladar

de sobresalto en sobresalto

por la escala de los sabores y las apetencias.

Quedaron para comer, pero también

para hablar, para caracolear por la actualidad

en tan suprema compañía.


En la sobremesa, entre tragos largos,

cuando el mantel ya no es impoluto,

alguna que otra acidez que soslayar

para evitar los enconos y discrepancias,

practicando el equilibrismo del si pero no:

a escote, y con las reservas oportunas,

todo es mucho más placentero.



08 junio 2026

TRÁNSITO

 

                                          

                               Fotografía de Ana Escalera


Somnoliento, meditativo,

andaba un tanto cabizbajo,

mas al abrir los ojos

fue como un destello iluminado,

una instantánea

con vocación de duradera permanencia,

en la que poder valorar

el momento preciso y crucial

entre esqueje y tallo virginal que se propaga

y se proyecta,

en tanto germina y se recrea la mirada.


Todavía un renuevo en el aturdimiento del tránsito,

la curva evolutiva

en la que se sale por el peralte

o rectifica y ajusta los valores

entre el ayer efímero y el mañana ignorado,

pespunteando en débiles flecos

de cinco futuras corolas,

próximas a despertar

del sueño macilento y creativo,

entre el ayer en fuga y el mañana explosivo

y a todo color:

una zancada genética inapreciable

que se vive a oscuras,

y, salvo excepciones, pasa inadvertida

en el fragor del patio,

donde el resto dormita somnolencias.

07 junio 2026

LA ESCOLTA

 




En fila de a uno,

de a dos,

o de a tres,

o de a más.

Una hilera de chopos

cubriendo carrera,

hojas temblorosas,

nerviosas,

inquietas,

perfilan el río

con su envés blanquecino

y su guiño verde.

La brisa hace acordes

entre sus ramas,

y las hojas coquetas

se miran y retocan

en el espejo del agua.

Un juego de armonías,

de notas sueltas

y silbos entonados,

un cruce de miradas

en la memoria

que jamás se desgasta.

Agua que brinca,

agua que canta,

agua que salta,

y los chopos la escolta,

por siempre alertas,

animosas miradas,

verdiblanca sonrisas

siempre en guardia.

06 junio 2026

EL TELÉFONO

 



No suena,

es un lastre en el bolsillo,

un ladrillo que ladra inoportunamente,

que lastra el cuerpo y esclaviza el ánimo.

Es verdad que le he quitado el sonido;

vibra y yo tiemblo.

Tampoco es esta la llamada que espero:

una desconocida, de marca inoportuna,

quiere venderme algo que no necesito;

allana el camino con un tuteo repelente,

aunque en verdad lo molesto

es que no entre la llamada esperada.

Quienes venimos de operadoras

y de tiempos de demora,

estamos lejos de adaptarnos

a tanta innecesaria tecnología.

Antes, en ese pasado que se alejó,

todo se resolvía en ventanilla,

aguardando cola.

¿Quién da la vez?

Y te fijabas en la blusa o el peinado,

o en la chaqueta a cuadros, raída por los codos,

y el pelo atusado con brillantina.

Introduzca su DNI o el certificado digital…

A estas alturas, bloqueado

y con cierta angustia,

¿alcanzaré algún día la cita con el psicólogo?