Esta mar,
a veces un revoltijo,
un inquieto y jovial saltarín
que revolotea los vientos
y estrella la espuma con insolencia,
arañando las arenas y dejando el rastro
de sus huellas de furia.
Hoy vive un extraño sopor,
un culto a la nada,
quietud con freno,
como inmensa planicie infinita
desde la orilla al horizonte,
presagio de un cambio inminente,
que romperá en desacuerdo.
No sopla. El aire tampoco da pistas,
pero esta calma es siempre el preludio
de una mala mar,
como vómito ardoroso de Titanes.





