Toda la tarde en la ilusión de un recuerdo,
en el arribo inminente, en la música del mar,
y en el escalofrío de tu mano en mi mano.
El agua se reviste de plata para recibirnos,
abriendo un camino anchuroso e infinito
que lleva desde la orilla hasta el horizonte:
sin brumas, sin oleaje... Atento a recibirnos
con el tocado azul intenso que enamora.
Esta arena oscura, esta identidad férrea,
este antiguo varadero de sardinales,
hoy reservado a las hamacas y tumbonas;
aquellas memorizadas moragas marengas,
de la exquisita e inolvidable Marbella…
Definitivamente, un lujo asequible
volver a la juventud y mostrarse
agradecidos y contentos:
tú y yo. Un verano más, nada menos.




