Si estuviera en mis manos,
fundiría el cobre de tu resistencia
y me haría aleación dúctil a tu costado,
para vivir por siempre en tus lindes
y así bordear tu geografía.
Me bebería la luz de tu mirada
y me alumbraría con tu iris,
esa cascada de luz de tus adentros
hasta iluminar mi obcecada oscuridad.
Si fuera cierto que tus manos son pámpanos,
me cubriría con ellas mi impudicia
y me liberaría de prejuicios,
esos que me limitan y coartan.
Si tu oído fuera espacioso laberinto,
encerraría en ellos mi locuacidad,
para que mi musicalidad afónica
fuera la banda sonora de tu puesta en escena.
Si mi tacto fuera capaz de recorrer
íntegramente tu geografía,
haría noche en cada peca,
en cada poro,
tan solo con intención de eternizarme.





