La luna es un destello, un deslumbre;
sobre las cornisas es luz proyectada
que ilumina los recuerdos de esta plaza,
de estas calles, hoy silenciosas.
Ahí estás tú, con la sonrisa del jazmín,
con los brazos abiertos para arracimarse,
con esa donación que es tu esencia
desbordada y sin límites.
En el tendido eléctrico, un pentagrama,
la dulce melodía descrita
por media docena de golondrinas.
Los cristales reflejan mi ansiosa mirada,
que te buscan más allá de lo imposible,
un sueño, una quimera incierta,
la avidez con arabescos increíbles
que sueña con tus brazos, Madre,
un destello que me deslumbra
por la esquina oblicua del presente.






