Sigo sin alcanzar la actitud seudocientífica
de mi abuelo, también la de mi padre,
sin lograrlo. Miro con fijación y deleite
cada noche al firmamento y me extasío,
pero sigo sin captar las huellas,
tampoco los caminos ni las pistas.
Del firmamento cuelgo lo inalcanzable,
como también lo incomprensible e idílico,
lo misterioso, pero no alcanzo a vislumbrar
la senda del conocimiento, ni sus rudimentos,
como ellos lo hacían en sus vaticinios.
Como astrofísico casero soy un frustrado:
se me encienden las preguntas,
pero jamás las respuestas
en la oscuridad de la nada que me persigue.
A veces, la opacidad es noche de farolillos
que tiene mucho en común
con lo lúdico y festivo, mas a trastienda cerrada,
apenas confusión con los caminos siderales.





