El deseo, ansiosa resaca
que nunca se sacia,
gula extrema que devora
sin regular el digestivo,
tan solo como instinto
que se obedece a sí mismo.
Un ímpetu que abre caminos,
que no se agota ni se complace.
Experto iniciático, incinerador
de todos los cortejos interrumpidos
que abandona por una nueva flor.
Le falta descubrir el amor
y su significado último: fidelidad,
y uncirse al paso como sometimiento
rotundamente liberador.






