Fotografía de Ana Escalera
Su emplazamiento
no es un firme cualquiera,
tampoco luce entorchados áureos
que hablen de rangos estelares conseguidos,
pero a todas luces es el amo de la noche,
el que posee todos los galardones noctámbulos
del reino de los últimos,
y de la canalla.
Su presencia es todo su neto activo.
La gorra, la mirada socarrona,
la sonrisa entre burlesca y denotativa de poder,
la unicidad de la barba con todo el conjunto
y los entorchados que se le suponen
en las hombreras cubiertas
y hasta posiblemente en las bocamangas.
No comercia, no negocia;
su semblante habla en el silencio de la plaza
y hasta las palomas saben a quién arrimarse.
Goza de respeto y nadie bisbisea de él,
tan solo acatan como si se tratara de sugerencias.
Amable, sereno, tajante;
no sugiere, da instrucciones concretas
y todos le obedecen.
Vive en la calle, pero él lo considera su reino.





