Alborea, graznan las gaviotas
con sus estruendosos quejidos;
pronto rayará el alba
delineando el horizonte y serán
traslúcidos los secretos de la noche.
La mar impregna de salinidad el ambiente,
ahora que duerme la dama de noche
y aún no ha despertado el jazmín,
el cielo es espejo del agua
y viceversa, como retrovisor
que habla de bonanza, de paz,
de quietud y buen temple.
En la playa, cuando aún prevalece
una densa distorsión óptica,
un tractor arenero peina las arenas
y limpia de impurezas y de olvidos;
también de lascivas miradas
y de tostados excesivos e imprudentes,
como si con el día se implantara
una nueva luz que todo lo hace radiante.




