21 febrero 2026

HA VUELTO

 




Ha vuelto,

después de un largo periodo,

donde la lluvia y el viento

medraron en las cavernas

de lo recóndito

y asumieron el rol de protagonistas,

ha vuelto.


Ha renovado su abono

el tendido de sol y ha vuelto

a relucir su hermosa sonrisa,

como cola infinita plena de desparpajo.


Han vuelto también los pájaros

dibujando arabescos de caprichos

bajo la carpa azul inmaculada,

y también las mariposas,

con sus vestidos de lunares rojos,

azules, amarillos y blancos,

y han llenado de sevillanía

el paseo matinal

y también el nostálgico atardecer.


¿Y tú? ¿Qué has hecho tú

de tu gesto húmedo y con verdina

a fuer de miedo y encierro?


Ha vuelto. Ha vuelto la luz

anegando las sombras,

aireando los barrotes domésticos

y desenterrando los miedos.

Ha vuelto a estamparse la sonrisa

como inequívoco sello de esperanza.

20 febrero 2026

LO COTIDIANO

 




Salgo deslizándome de tu costado

cuando aún no te has colmado

y me dispongo a esperar el nuevo día

con suma impaciencia.


Andaré en tinieblas, por no alterar

el ritmo del alba en la que te acunas,

en tanto aguardo con cierta tolerancia

inaugurar contigo la mañana

y hacer festivo lo cotidiano a base de empeño.


Tú vendrás a mí cabalgando una ilusión,

sobredimensionada como en un bostezo,

en ese instante mismo que bate la ola

sobre la que te deslizas a mis espaldas.


El silencio se hace alboroto, atemperado

y cálido, cordial y muy esperado.

Y con él la promesa de un nuevo día,

un planteamiento abierto a la intemperie

en la que nos desenvolvemos,

con las variables de una improvisada melodía.


Un día más, la monotonía de lo cotidiano.

19 febrero 2026

AMANECE UN TIEMPO NUEVO

 



                Fotografía de Escolástico Martín, "Tico"


                    Amanece la luz para el justo,

                y la alegría para los rectos de corazón.

                (Sal 96, 11)


En la penumbra de este amanecer,

un rayo de esperanza

ilumina el camino de la concordia,

el asidero al que encadenarnos

para reconstruir desde los cascotes.


Pasaron los temblores, los temores,

el miedo aferrado a la afonía del silencio.

Es hora de alumbrarnos de una misma luz,

de calentarnos en la misma lumbre,

bajo los acordes de un mismo espíritu.


Todos de la mano, todos uncidos

a una misma y única esperanza,

para minimizar y suturar las heridas,

tanto las ajenas como las propias.


El sol alumbra el nuevo amanecer,

vindiquemos la alegría como himno,

el júbilo por la supervivencia

y la esperanza de alcanzar

una meta común, codo con codo,

hombro con hombro, hasta saciarnos.


Apoyando, no criticando, no discriminando:

toda vida, desnuda de oropeles,

neta y tasa única en toda subasta.

Amanece. Trae tu mano, toma la mía:

encadenemos los esfuerzos de todos,

hacia un mismo y único fin.


Preservaré tus manos de mi crítica,

sellaré mis labios con el silencio,

les daré un suave toque de sonrisa

con el vehemente lápiz labial,

y apoyaré los esfuerzos de todos

con mi voz o mi silencio,

hasta quedar alumbrados de la única luz.

18 febrero 2026

LAS NORMAS

 




                        "Este pueblo me honra con los labios,
                 pero su corazón está lejos de mí.
                 (Mc 7, 6)


Cada quien a lo suyo, interiorismo,

tal vez escaparate bien esmerilado:

cada uno a su interés y a su pecunio,

conservando los criterios formales

con los que revestir de solemnidad,

la ancestral tradición y las maneras.


Huestes que cumplen con rigor

las etiquetas sociales: cada pauta,

cada norma, cada arraigo sensato

y también los formalismos vacíos,

esos que nos hemos entregado

y nos conducen por las vías diáfanas

de lo que conviene y es menester.


Las normas, la lúcida propaganda,

el formalismo social de incluir a los inclusos,

de mirar de soslayo a quienes no convienen,

a los de color cetrino o retinto, a las etnias

que han dejado una larga secuela

-vivencial y adversa-

en nuestras añoradas tradiciones,

salvo los que han pasado por palacios

y han sido servidos por palaciegos.


Normas, porque más vale prevenir,

que amarga y tristemente lamentar.

17 febrero 2026

SUELOS Y PAREDES

 




Cuando la lluvia pasa de ser generosa,

y hasta vocea el nombre de Noé

en brazos o de la mano de un bombero,

que te ayuda a cruzar la calle

únicamente con lo puesto.

Cuando atrás se quedan las pertenencias

y solo te acompañan los recuerdos,

las vivencias entre esas paredes,

las fotografías de quienes te precedieron,

que son los sillares de tu propia vida

y también la de tus herederos;

las risas, las lágrimas, los lamentos...

Cuando el enchufe se cansó de dar luz

y ahora da agua a manos llenas,

cuando el suelo es un manantial inagotable

que hasta ahora había vivido días resecos.

Cuando la cama juega a ser patera

y las paredes amenazan con desplomarse

y hasta revolcarse por el suelo de impotencia.

Cuando al derrumbe de los escasos ánimos

se añade la casi certeza de un abatimiento,

la resignación es suma de calamidades

en un polideportivo donde habita la solidaridad,

y se enjugan las lágrimas propias y ajenas.

16 febrero 2026

EL CAÑAVERAL

 




Varios millares de hoplitas

marcialmente formados y uniformados,

un número incontable de lanceros

escoltan el arroyo por ambas márgenes

y velan de su integridad

hasta donde la visión se hace borrosa.


Uniformados de verde,

y los de mayor rango y antigüedad

sus distintivos ocres de madurez

y también de abnegación y fiereza.


En constante formación y raigambre,

se mecen con la brisa y se agitan con el viento,

siendo el armonio de las largas esperas,

los silbidos sin partitura de la columna

y la marcialidad como suma característica.


Su formación no es atacante,

sino de fortaleza defensiva e inexpugnable.

Y en el tiempo florido,

cuando la gestación lo cree culmen oportuno,

se adorna con penachos que intimidan,

al tiempo que le dan un aire festivo y alegre.


15 febrero 2026

SILENCIO

 




Amanece el domingo en profundo silencio,

todos duermen o todos callan. ¿Miedo?

La adversidad sobrenada por los resquicios

escalando con empeño hasta la superficie,

tal vez agotada en sí misma, desvaída;

henchidos y saturados los sumideros...


Ni siquiera el viento o la brisa son acreedores

de esta magia envolvente que me descoloca:

auditorio vacío, pentagrama en blanco,

en penosa espera de un fecundo susurro.


Tiempo de silencio, de reflexión, meditativo:

¿Qué he hecho? ¿Qué hemos hecho mal?

¿Por qué esta respuesta inarticulada

que fagocita el entendimiento, y nubla,

y devuelve el silencio como respuestas?


Silencio. Una oportunidad que me sobrepasa,

me angustia y hasta desperdicio inútilmente,

en lugar de entornar los ojos, respirar sosiego,

y permitir que esos rasgos no descritos

tracen el panorama de aquello que desconozco.