No es una acusación,
tan solo un acuse de recibo.
Me gusta caminar por calles y plazas
y reconstruir el pasado en mi mente,
con las apariciones y los recuerdos
que salen a mi encuentro.
Más frecuente de lo que debiera,
unas hojas secas o una lata vacía
que no han sido barridas,
los excrementos de un canino,
cuyo dueño olvidó cómo conjugar civismo
y no se molesta en hacer sus deberes.
Hay momentos en los que no soy yo,
es la ciudad la que me habla al oído
y me cuenta anécdotas del pasado,
historias consagradas o intrascendentes,
o motivos de quejas que mejor silenciar.
El pasado es inamovible,
pero el presente, evaluación continua.
Es la asignatura que confirma o no
nuestras implicación ciudadana.






