Aunque el viento está siendo contrario
y la única pericia estriba
en ponerse de perfil,
en aguardar a que amaine
tratando de evitar las cornadas,
con la simulación
del que todo lo soporta.
Aunque la derrota sea certera vecindad
y esté a punto de obligarnos
a desandar los pasos dados
y volver rendidos y abochornados
por la adversa singladura
del nudo gordiano en el que nos encontramos.
Aunque la inquietante alarma sea ácida pesadilla
que nos entregue maniatados al fatal desenlace,
postrera lejanía donde el confinamiento
sea dulce consuelo a lo que se avecina,
y nos veamos forzados a entregar la cuchara.
Aunque la rendición, sea la posibilidad única
de encontrar el humillante portillo de salida,
entornar los ojos y asirse a la esperanza
es posiblemente el único consuelo.





