Dicen que es una línea imaginaria,
pero también podrían pensarlo de tu mirada,
esa que me electriza y es vivaz y eficaz
en cada uno de nuestros encuentros,
aunque no trascienda la órbita que nos envuelve
en el misterio de nuestra existencia.
Se derramó el cántaro de luz,
la sobreabundancia que llega
del otro lado de la oscura nada,
y entró la aurora
haciéndose notar en crecida constante;
iba revestida de flagelos blancos
que se fusionaban entre sí y hacían una mística
desbordada e intimista,
antes de que lo amable se hiciera contundente
y levantara un coto divisorio horizontal,
un desde mí hacia ti,
un ir y venir del uno al otro,
y el ritmo de nuestros corazones como alabarderos
marcando el avatar de nuestra victoria:
cada amanecer es una nueva línea
que habla de la conjugación de nuestros horizontes,
esa amalgama que dejó de ser cada uno,
para ser fusión de nosotros.




