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18 agosto 2026

LAMER LA ORILLA

 




Pasear descalzo por la orilla,

sentir el frescor y la salinidad

por los tobillos y sortear

algún que otro canto,

pulido o no por la erosión,

o una ola imprudente y juguetona que salpica.

La naturaleza y la belleza maridan

y nos ofrecen lo más sutil

de sus poses y misterios.

Allá a lo lejos, el enigma de lo desconocido,

la delineación horizontal

de una línea inexistente y los cánticos

que mecen las olas

o hacen soñar con las sirenas;

en lo inmediato, bajo los pies,

cuando el capricho se hace fortuna

y nos devuelve los tesoros recónditos,

las valvas nacaradas,

los cristales romos y perfilados

y el destello de un tesoro que tiene más de fantasía

que de peso específico y biseles imposibles.

Lamer la orilla, pasear descalzo

antes de que el sol nos dispare sus saetas,

y hacerlo ilusionado en un bello encuentro.

17 agosto 2026

TEMPESTAD

 



Ese mar enfurecido,

violento hasta la temeridad,

ese mar que ayer mecía sus aguas

al posible embeleso de una nana,

hoy lleva en su lomo furia encrestada

y ha desatado su enfado

sin que mediara una discusión o desaire.


De la placidez al arrebato,

un berrinche irracional e incomprensible

y tan indigesto que provoca el vómito;

ha cambiado el color ilusionante,

la placidez festiva y remecida

por estruendos de amenazas.


Del gozo al pánico, de lo lúdico al terror,

la estrecha franja de un desequilibrio,

la desmesura

que se descuelga por el precipicio

del poder insólito del viento.

16 agosto 2026

MENGUANTE

 



Desnuda de oropeles,

ensimismada y galante,

despojada de sus nardos y laureles

y de la estela embriagadora;

allá arriba, en el ábside de la cúpula,

como diosa del mutismo

y la nocturnidad silente y brillante.


De su desnudez nos queda

su tocado de mimosa dulzura

y esa escolta multitudinaria de claror,

de todas y cada una de sus miradas.


Hoy es poco más de una sonrisa apaisada,

un destello, pero guarda en sus dependencias

los vestidos talares de las divas y diosas,

del que los espejos del mar

saben tanto, aunque por lealtad callan.


Hoy es pura desnudez recatada,

tan solo un leve memorándum,

un fanal que nunca se oscurece

y cuyo brillo es inextinguible.


15 agosto 2026

PIEDRA EN EL CAMINO

 




Ignorado, invisible,

como paisaje nublado

o sol de frente que deslumbra, y molesta,

que invita a entornar los ojos

y seguir de largo mirando a otro lado,

sin recoger la mirada.


Un hatillo,

unas pertenencias mugrientas

que acaban formando parte del paisaje,

en la forzada corta distancia.


Un apéndice urbano silencioso,

como parte del mobiliario,

un encuadre que desajusta

el panorama

y acaba por no ser tenido en cuenta.


Piedra muda del camino

que se bordea, se supera,

y acaba en breve en el olvido.

14 agosto 2026

PORVENIR

 



Esa presencia postergada,

esa espera interminable que se eterniza,

que siempre está por llegar;

ese verbo escurridizo como pompa de jabón

que solo ensarta en la rueda del futuro,

antes de cada actualización,

y que se enrosca como tornillo sin fin

alargando los plazos o renovándolos,

estirando las horas y los días

en calendario abierto

y con valerosa válvula de salida.


Tan solo cuando se adivina la meta,

es proximidad que se presiente,

conjugación que se intuye,

aunque todavía resulta impronunciable,

una fuga permanente hacia adelante.


13 agosto 2026

INMENSIDAD

 




La inmensidad. Azul sí, azul,

pero también tornasolada,

una amalgama casi infinita

donde se ha diluido el celeste,

el verdor que nace de lo recóndito

y el violeta contagiado

de los espacios celestes.


A veces cordero manso y angelical,

con sus rizos lanudos y mimosos;

otras una amenaza en la retranza,

como bestia acosada a punto de arranque,

y también furiosa embestida

que se acelera en la proximidad y el engaño.


Ondas, ondas, ondas saladas

coronadas de chantilly.

Baile, danza, ritmo, marea infinita…


Y tras una leve ausencia,

nostalgia y deseos de volver.

12 agosto 2026

DE REPENTE

 




Anunciado a bombo y platillo,

de repente, la tarde se muda

ante la ingente multitud

su espectacular traje de noche,

para hacer del acontecimiento astrofísico

algo legible para quienes ignoramos

muchísimo más de lo que creemos,

empeñándonos en no ver el peligro,

aunque salten los goznes de la visión.


La población enloquecida por el evento,

y el sol sigue su pausado caminar,

con la placidez de acabar su travesura

deslizándose por el tobogán de poniente.


No quedan gafas milagreras, pero todos

miran el reloj con impaciencia

sin que nadie perite los riesgos:

para unos un visto y no visto,

para otros un mirar para sí sin ver,

y evitar el deslumbre de los extraordinario,

todo ello, en un anunciado de repente insatisfecho.