Una estrella, un corpus central
y cinco extremidades
que se irradian hacia los extremos;
una naturaleza única
que se expande como cinco husos horarios
y cada cual vive el ámbito que le toca,
en desgracia o en suerte.
El mismo ser, como estrella del cielo
que se apagó en las aguas marinas,
y del contraste
se le erizó la piel en espinos.
Una única entidad, una conciencia
y sus cinco ramificaciones
que llegan acá o allá,
según lo aleatorio de la casuística,
con la dependencia debida al núcleo.
Tú y yo, corpúsculos de un mismo devenir,
una materia primigenia y única,
y nos debatimos en este mar de confusiones
que más tratan de desgajarnos
que de unificarnos en sólida alianza.






