En el silencio que precede a la bulla,
en esos instantes de caos
donde se perfila el trasiego
y los rezagados alteran el recogimiento...
¡Ven y cólmame!
En el esfuerzo penúltimo de los ensayos,
en la revisión de todos los enseres:
la morcilla, la faja, el costal,
el alma traslúcida y entregada...
¡Ven y cólmame!
En tañido afligido de cada redoble,
en el pesado camino del calvario,
en la marcialidad contenida de cada nota
y en el dibujo de mis desfiguraciones...
¡Ven y cólmame!
En la revirá, en el ¡vámonos de frente!,
en el sobre los pies o en el menos paso quiero,
en cada levantá, en cada golpe de martillo,
como nudillos acerados sobre mi piel...
¡Ven y cólmame!
En el ámbito silente de la banda de música,
en la sonoridad mística de la música de capilla,
en las estridencias de los tambores y cornetas,
con el alma sobrecogida o con espasmos…
¡Ven y cólmame!






