06 febrero 2026

FIN DE SEMANA

 




Viernes por la tarde,

un río humano desbordado

que se remansa por ambas orillas,

sobre taburetes y veladores,

en la porfía de escanciar cervezas

como en una apuesta sin límites.


En una mesa contigua,

un no tan joven manipula una guitarra

con acordes que evoca aires flamencos

y termina por arrancarse por fiesta.

No lejos de allí, un grupo numeroso

se arracima ante una pantalla gigante

y brindan cada gol como si en ello

les fuera la vida misma.


Por entre el gentío, circula un desconocido

apelando con tristeza a la misericordia,

con gesto de apenada derrota

y un vasito de plástico con algunos céntimos;

en competencia con el vendedor de ocurrencias

y el del cesto de almendras tostadas,

calendarios o un surtido de estampas de culto.


Me sitúo en perspectiva

y observo con cierta minuciosidad,

un supuesto saque de córner,

desde el “amanecer” “veneranda”

hasta el concurrido “central”:

un rincón síntesis de toda la Alameda.


Más tarde, hasta la madrugada,

sin pausa y sin prisas,

se orillarán hacia copas

y combinados con mordiente,

acordes con la nocturnidad

y la respuesta que el organismo intuye

y el bolsillo soporta.


A los cuarenta ya deja secuela los años

y urge a los cuerpos por vivir intensamente,

aunque la intensidad sea un atentado

contra si mismos y también el vecindario.

05 febrero 2026

EL ESPEJO

 




El espejo me devuelve mi mirada,

pero de soslayo aparece la tuya

como engarzada, incrustada en mí

sin otro artificio que el deseo.


Cuando me peino, cuando me perfilo la barba,

cuando te busco con ansias y no apareces,

cuando tu respuesta es silencio pétreo

o cuando creo ver una sonrisa de fresa

tan contagiosa y chispeante como atractiva.


Ante el espejo, más que mirarme, te busco.

Sí, desde los ingletes del marco a la planicie,

y también bajo la espesura de vaho

cuando te envuelves en la toalla,

como escapada fugaz en mi presencia.


Es un signo, un estigma indeleble

que es presencia viva, fugaz y reiterativa,

por el que merece la pena ver figuraciones.

04 febrero 2026

ME IRÉ

 




Me iré, seguro que me iré

como se fueron mis mayores

persiguiendo una sombra sin rastro,

en silencio sepulcral y definitivo.


Aquí se quedaron sus escasas pertenencias,

aquí las penalidades y también los logros:

el abuelo dejó de vaticinar mirando al cielo

y su reloj de bolsillo se quedó sin cuerda

durmiendo una larga siesta en el chaleco.

A la abuela le quitaron su delantal

y se acabaron las golosinas para siempre,

como se acabaron los relatos y sus mimos.


Se fue mi padre cuando todavía era

un vástago verde y florido,

aunque erosionado por tanta intemperie.

Más tarde, después de una larga soledad,

se durmió mi madre en febrero

y desde entonces sus días son infinitos.


Me iré. Cualquier día me iré sin cita previa

y hasta es posible que sea bien acogido.

Me iré y, como ellos, dejaré todo lo sólido,

-al tiempo que insustancial-

y los que queden interpretarán mis rastros

según los dictados de sus corazones.


Me iré. Hace tiempo que me entreno

para enfilar con éxito la recta de meta.

03 febrero 2026

LA RAMA

 




Tanto en el naranjo como en el olivo,

y también en la higuera o el almendro;

en cada rama del árbol,

bisbisea la misma esencia

desde las raíces a la copa.


Una rama, un brazo rígido, un fragmento

que se hace la ilusión de ser autónomo,

pero que se amamanta de la misma ubre,

de la misma sabrosa savia,

en cuyo sabor sabe deleitarse, crece,

se desarrolla y se produce.


Dependiendo de la altura sobre el tronco

y de la orientación en suerte,

a una rama le azota el Levante

y a otra el Ábrego o el Poniente;

una se ensortija su pelambrera

y otra mece su melena

al soplo de las circunstancias.


Cada rama, genuinamente única,

absoluta e irrepetible,

es conjunto y es convergencia

de cómo lo esencial de la vida

es invisible a los ojos

y pasa de puntillas

sin apenas levantar sospechas.

02 febrero 2026

DUERMEVELA

 




El despertador hace guardia

en la mesita de noche,

con sus dos minutos de adelanto,

y se mantiene en silencio expectante.

Ya es hora, pero el cansancio sigue desbordado

y se oculta de las primeras luces del alba.


Sobre los adoquines,

repiquetea la lluvia mortecina y mansa

como arrullo que invita a estirar la noche

más allá de sus fronteras naturales.


Ella es ausencia presente

que respira armónica y sosegada;

busco sus pies

y me responden al estímulo desplazándolos

hacia un encuentro acaramelado.


Entre las sombras,

el acusador ofrece su gesto contrariado

y amenazante, capto la sutileza

y me deslizo de entre las sábanas

buscando torpemente con los pies las zapatillas:

no hay dudas, a la noche le queda pequeño

su pijama de rayas.


01 febrero 2026

LA ROCA

 




La roca, seguramente sueña

en sus pétreas entrañas

el latido que le empuja a imaginar,

a soñar esa vida escondida

cuyo pálpito conoce,

pero le sobran muchas esquirlas

antes de vislumbrar la figura concreta

por la que será desplazada y conocida.


En ese anonimato pétreo,

la luz mortecina en lo recóndito,

el alma aún no exenta

que oculta sus formas en la espera.


En la cantera, una veta exquisita;

en el cargadero, anonimato durmiente,

materia amorfa antes del devastado;

en el taller, luz que se anuncia

y se vislumbra tras cada golpe,

hasta quedar integralmente exenta.

31 enero 2026

YO TUVE

 




Yo tuve una pecera,

una esfera de cristal transparente

con casquete truncado a modo de boca,

como la ansiosa búsqueda de libertad.


Yo tuve una jaula,

una cárcel preciosa donde un pájaro amarillo

cantaba sus tristezas entre rejas de alambres

y me deleitaba con sus trinos amargos.


Yo tuve la aviesa fortuna

de quebrar el cristal de la pecera,

y se derramó el agua,

y se derramaron hasta el suelo los peces,

y aquella libertad momentánea fue la puntilla

para aquellos colores agitados

que por siempre perdieron la movilidad.


Entonces, y solo entonces,

supe que no tenía una orquesta en casa,

sino una prisión con barrotes y sin sentencia,

donde un pájaro amarillo hacía mis delicias,

a cambio de su cadena perpetua.


Ahora tengo que salir a la naturaleza

para poder deleitarme de esa musicalidad

que no me pertenece…

Y resulta que hasta las flores ínfimas,

los troncos retorcidos o las copas esbeltas,

así como los hierbajos, en libertad y sin nombres,

tienen un atractivo misterioso en los que me deleito.