Todavía con los bostezos del alba,
y evitando pisar los helechos,
que se miran y abrazan entre sí
del uno al otro lado del camino,
como trampa de luz resbaladiza
que desorienta y enmudece las huellas.
Incontables. En formación indefinida,
mas no alineados, pero hieráticos
y no por ello altivos los hayedos;
de cuando en cuando una bocanada,
una toma de aliento en subida.
Un pájaro, que no reconozco, emite un canto
y al poco se multiplica a lo lejos,
al otro lado del valle,
desde donde regresa la demorada réplica.
Desde aquí, el mundo tiene otra dimensión,
pero el eco repetitivo de los noticiarios,
y la proliferación de incendios,
se ve desde la cima como un sacrilegio
a Dios, y también a la humanidad.