Esa presencia postergada,
esa espera interminable que se eterniza,
que siempre está por llegar;
ese verbo escurridizo como pompa de jabón
que solo ensarta en la rueda del futuro,
antes de cada actualización,
y que se enrosca como tornillo sin fin
alargando los plazos o renovándolos,
estirando las horas y los días
en calendario abierto
y con valerosa válvula de salida.
Tan solo cuando se adivina la meta,
es proximidad que se presiente,
conjugación que se intuye,
aunque todavía resulta impronunciable,
una fuga permanente hacia adelante.


