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25 abril 2026

TOLERANCIA

 



Eran tiempos de radicalismos,

cuando el silencio se hacía obligatorio

y cómplice, y por el sumidero de la omisión

se conseguía la paz deseada y añorada,

y la armonía impuesta.


Y sucedió lo inevitable, y nos dimos

un borrón de olvido y cuenta nueva

con aquellos mimbres del viejo canasto,

a pesar de las incontinencias para muchos

y las bravuconadas de los otros.


Asentados los días, y ante la panorámica

de la Exposición Universal en Sevilla,

Eduardo Chillida peinó los vientos del Guadalquivir

con su imaginativo monumento a la Tolerancia,

y desde entonces, entre la Torre del Oro

y el Puente de Triana, su sinuosa nervadura

muestra la ductilidad de la brisa con firmeza.


Pero se adocenó la calma a lomos de lo soez,

y paso de lo ocasional y festivo a lo ordinario,

y en la nervadura de los días se orilló el insulto,

la paciencia y las muchas aguantaderas,

y de lo exquisito se pasó a la ordinariez,

como del respeto a la intransigencia grosera…


¡Qué bajonazo! ¡Cuánto hemos perdido!

Donde moraba la exquisitez parlamentaria,

ahora merodean subalternos y mozos de cuerda

sin calidez ni calidad, segundas y terceras líneas

que solo cuentan en el empeño de lo abyecto.

24 abril 2026

ABRIL

 




Y llegó abril marchando sobre los pies

con sonido de tambores y cornetas,

para subir hasta el Calvario.

Y la música de capilla nos ayudó a inferir

si andamos o no por el camino adecuado.


Ya habían estirado los días

y se habían difuminado algunas penumbras.

La hierba anunciaba una nueva floración

y los naranjos no se quedaron rezagados

sino ensimismados los paseantes.


Y se plantó en la segunda semana

con alegres sonidos festivos

para celebrar mi ochenta cumpleaños.

Y recibí toda una mochila de afectos,

y me desbordaron las muestras de cariño

que me elevaron por unos instantes

por encima de las nubes de lo soñado.


Y con los compases oportunos llegó la Feria,

y una explosión de lunares y farorillos

confundió la noche haciéndola pleno día.

Y la música se hizo cascada festiva,

y la mujer bajó de los altillos una oleada de flecos,

y desnudó sus hombros que cubrió de hilaturas,

y el albero se cubrió de achares, garbo y tronío…


Y volverá de nuevo abril sobre el calendario,

y pasará lista, y serán notables las ausencias.

Y ojalá. Y ojalá yo no falte a la cita.







23 abril 2026

BOSQUEJO DEL AMANECER

 


                              Fotografía de Ana Escalera


Un deslumbramiento,

un posible destello o una pesadilla,

una cabriola en la cama

cuando todavía, más dormido que despierto,

era tensa la porfía entre la noche y el alba.


Todo muy oscuro, pero un relumbrón,

una mancha de colores abocetados,

como aplicados con la yema de un torpe dedo,

o con un impreciso y zoquete difumino,

dejo una mácula coloreada y sin bordes

en el desconcierto de los primeros instantes

de esta recién estrenada vigilia.


Más tarde, cuando todos los sentidos

estuvieron activos, y supieron calibrar

entre el sentido de la vista y el intelecto,

fue cercano y bello ese regalo primaveral,

donde la naturaleza hace germinar

una selección de tinturas con la habilidad

de un maestro pintor, tal vez impresionista.


De nuevo cerré los ojos, pero ya estaban

dañados por la luz y seguían fantaseando,

torpes para dilucidar con precisión,

pero afectos a ese incidente, sin explicación,

que quizás tenga que ver con lo soñado

y no precisamente con lo vivido.


22 abril 2026

FUTURO COMPLEJO

 



Vengo caminando desde el pretérito

y amasando y conformando lo que soy,

en medio del entorno en que me muevo.

En el pretérito, guerras, muchas guerras,

y en el estudio de la historia del hombre,

la guerra como diapasón de la lenta

cadencia y la musicalidad de los años.


Lo que intuyo es un ir a más

por el camino de los imponderables,

apoyado en el bastón de los días

y tratando de sortear los escollos,

si bien no siempre son eludibles.


Conjugar el futuro es siempre un acertijo,

pero hay cosas que se intuyen a lo lejos,

como las posibles vicisitudes en el camino,

y otras que nos asaltan con la ferocidad

de lo hasta ahora inesperado e imprevisible.


No es mi derrota la que lloro y lamento,

es el mundo que dejo a mis herederos:

la falta de honestidad y la rapiña, los bulos

entronizados en el diario de sesiones,

los exabruptos, la pérdida de ideales,

y como coronación de la reina de la fiesta,

la imposición de las armas caiga quien caiga.


Viene a un mundo de silencio, cuando

ya se habían acabado los fratricidios,

y temo que voy a despedirme en el fragor

de un estallido incontrolado y estéril:

¡cainitas de principio a fin!

21 abril 2026

VALIÓ LA PENA

 



                                  A mi amiga Mar García


Valió la pena hacer el servicio militar

para descubrir, al margen de lemas patrios,

que las victorias se alcanzan firmando la Paz.

Valió la pena la suntuosa inversión en la cama,

porque en ella pasamos un tercio del calendario,

y pleno cuando la enfermedad nos arrincona.

Valió la pena hacer la recogida de la aceituna

y otras varias faenas agrícolas para descubrir

el amargor a sudor del aceite de oliva virgen.

Valió la pena cruzar España de Sur a Norte,

para acabar rompiendo mitos y fábulas

y darme cuenta que todos somos muy iguales.

Valió la pena haber dedicado mi vida profesional

a la hostelería, porque acoger es la más grande

de todas las tareas que podemos desempeñar.

Valió la pena pasar y padecer la enfermedad,

porque es en la recuperación donde se encuentra

el eco emocionado y vital del sincero agradecimiento.

Valió ser soldado de infantería en Granada,

porque pude sentir el latido cercano de Federico

y quedar embrujado por el Darro y la Alhambra.

Valió la pena aprender a leer y perder horas de sueño,

porque me ha ayudado y me ayuda a conocerme,

a valorar mis muchas carencias y a corregirlas.

Valió la pena el vértigo del desfiladero de la muerte,

porque Él me esperaba para cenar juntos,

cumplió su palabra y salvó mi vida para siempre.

Valió la pena darse, escuchar y saber perdonar,

porque solo midiéndote en el infortunio ajeno

está uno en condiciones de comprender y olvidar,

sin miedo alguno, a que le de otra alferecía.

20 abril 2026

DIÁLOGO


 


Imagina una humilde casita

encumbrada en lo más alto de la colina,

con las estancias necesarias

y una chimenea que irradiara el calor del hogar

en competencia con el nuestro;

allí el sol sería presencia activa

desde el alba al ocaso,

rompería su rutina y descansaría

a pierna suelta en el porche,

caldearía las placas solares de la techumbre

y acabaría por deslizarse

por el terraplén que lleva hasta el arroyo

despidiéndose con encarnada alegría.


Las nubes, por su cercanía,

serían como globos que pincharíamos a capricho

y se escaparían volando

de nuestras garras juguetonas.


La luna se mostraría celosa

y entraría en competencia contigo,

especialmente en su fase llena;

seguro que vaciaría su sonrisa de plata

por el alféizar y teñiría de momentos idílicos

tus cabellos castaños en tonos azulados.


Deja de soñar, Manolo,

el teletrabajo no te agota, pero a mí sí,

y ya es hora de recoger a los niños.

19 abril 2026

PASEO BUCÓLICO


 

Caminar. Caminar

con la mirada puesta en la naturaleza

y esquivando el sol

que estalla y destella en la lámina del río,

reparar en cada piedra, en cada socavón,

en el suspiro de alegría que no llega a grito,

en los pequeños racimos amarillos

que encienden la mirada,

en el guiño multitudinario de las hoja del olmo.


Y reparar en quien se cruza conmigo

y lleva auriculares que le apartan del presente,

y que seguro irá viendo

eso que yo también imagino al oír la radio

entre las paredes de casa.


Oír la voz de mando a los remeros

y admirarme de la disciplina sincrónica

y uniformada. Bogar con la mente

y hacer largas travesías sin presupuesto ni equipaje.


Observar el afán de los pescadores desde la ribera,

el complejo aparataje de aparejos y enseres

para volver de vacío. Refugiarse en la sombra,

descansar un buen rato,

interrumpirse a uno mismo para tomar una fotografía

y atender una llamada telefónica.


Sentir cansancio y las urgencias del reloj

en los momentos plácidos,

sentir el calo, la humedad, el frío en la piel

y saberse afortunado, un día más,

hasta que se acabe el contrato de permanencia.