12 febrero 2026

EFÍMERO

 




Todo es efímero, volátil, etéreo

como la brisa o como las mareas.

Efímera las huellas sobre la arena mojada,

como las olas, a pesar de su energía,

pues se volatilizan en espuma

que dura lo que un globo en manos infantiles,

o la pausa entre esta ola y la siguiente.


Efímera la hierba, esa que traza los caminos

y en breve será pasto o reposadero,

o sequedal que transita por el amarillo

hasta convertirse en nutriente del suelo.

Efímera la flor, que alardea de belleza

y suplanta con donosura la fugacidad,

mientras oculta su rostro ajado y decaído.


Efímera la fragancia, el requiebro, el galanteo

que suplanta lo que germina en los adentros

y trata de ser flor, dulce caricia de un día,

que envuelve en los vuelos del engaño.


Efímera la vida del hombre sobre la tierra,

todo ha de pasar como un leve resuello,

aquí quedarán nuestras victorias y sueños,

pero también nuestras derrotas y quebrantos:

una estela propicia para el álbum del olvido.

11 febrero 2026

O VICEVERSA

 




Febrero pone matices luminosos

que ensanchan los atardeceres,

y dilatan paulatinamente los días

con tonalidades esperanzadoras.


Los caminos cantan verdes estribillos

como agradecimiento a la lluvia,

y se atisban nuevos y generosos brotes

que ponen en marcha el reloj

de la generosa naturaleza.


Pasamos de la escasez soberana

a la peligrosa sobreabundancia,

como se apaga la representación

tras el prolongado aplauso final.


De lo ínfimo a lo grandioso

tan solo una llave de paso

-abierta o cerrada-

que nos transporta entre la grandeza

y la paupérrima escasez:

del pan para todos, a las listas del paro.


Así también los índices laborales,

oscilantes entre la ufana sustentación

y la carencia de pan más absoluta.


En la naturaleza, los brillos radiantes

o la oscuridad que eclipsa el futuro.

Del riesgo de aludes a la frondosidad.

10 febrero 2026

HAGO MEMORIA

 




Hago memoria de los álamos

que me guiñan, al pasear la ribera,

con sus sonrisas blanquiverdes.


El agua me hace juegos visuales

y me crean la ilusión

de que regresan remontando,

con un arrepentimiento

sembrado de dudas y requiebros.


Pronto caerá la tarde

y yo caeré rendido. Caídas al fin,

oscuridad que esconde este tránsito

entre el aleteo de sombras

en la que se envuelve con desaliño.


Vuelven los estorninos

con la disciplina de una orquesta afinada

y la geometría alborotada de un caos

que para nada es riguroso.


Los tules morados,

otros muy ensombrecidos y rojizos

envuelven la seda de la tarde,

después que el sol se despeñara

más allá de la linde visual.

09 febrero 2026

CUARESMA

 




Sueñan las crisálidas,

durante el duermevela invernal

los brillos y capa de lunares

de su despertar en primavera,

cuando la albahaca es primor clorofila

y fragancia virginal el azahar

del naranjo y el limonero.


Yo sueño el reverdecer

de los caminos y veredas,

la pasión extrema de los lirios,

el incienso y el humo de los cirios,

la vida retoñada al fin,

como sorpresa incomprensible y esperada.


El calendario avanza torpemente

y el capataz ajusta y calibra,

-hombro con hombro-

tallas y talles donde posar la carga.


El jazmín anuncia el acontecimiento,

y el cíngulo y el esparto

el ajuste preciso y adecuado.

El martillo, con su tono de acento,

golpeará el instante preciso.


Larga es la espera,

charcos y más cúmulos y cirros,

desde estos arracimados días de invierno.


08 febrero 2026

SERVIDUMBRE

 




En tu frente luminosa

una guirnalda de besos,

una tiara de reina,

la corona de mi imperio.


Frente a ti mora mi impaciencia,

la inquietud nerviosa de la espera,

la fatiga de este extraño invierno

en ansias por albor de primavera.


Una canción, la melodía que te evoca;

una ilusión, ser parte de tu reino,

tu servidor, tu esclavo, tu lacayo,

la alfombra de tus pasos,

el criado iluso de tus sueños.


Una canción antigua y pegadiza,

con recortes de amor, acordes nuevos,

el himno con que rendirte honores,

el flujo de mi sentir nuevo y eterno.


Haz de mi lo que te plazca,

soberana de mi amor y mis desvelos;

hazme tuyo, con tan solo una mirada,

seré tu servidor por días sin término.


07 febrero 2026

TARDE DE FRAGUA

 




Sabía el misterio para domesticar el hierro:

primero lo observaba minuciosamente

y luego le encendía la sangre

enrojeciendo su pálpito en las brasas,

hasta casi el punto de licuación;

las formas requerían un poco más

y, a sones acompasados de martillo,

doblegaba los miembros férreos

con la musicalidad que sonaba en el yunque.


¡Niño, ponte al fuelle!


Era mayor el gozo que el esfuerzo,

y a poco, aquellas piedras negruzcas

se hacían ascuas y transmitían su rojez

al fiero fuste de fiero fierro,

antes de desapareciera el flujo del dragón.


No. No era el cine. Era donde los arados

recuperaban la efectividad de sus vertederas,

donde el pico regeneraba su colmillo,

donde la guadaña volvía a ser operativa

o el calabozo daba tajos certeros y definitivos.


Manuel era un virtuoso, y su operativo,

mucho más atractivo que otra tarde más

de canicas, del trompo, o al escondite.

06 febrero 2026

FIN DE SEMANA

 




Viernes por la tarde,

un río humano desbordado

que se remansa por ambas orillas,

sobre taburetes y veladores,

en la porfía de escanciar cervezas

como en una apuesta sin límites.


En una mesa contigua,

un no tan joven manipula una guitarra

con acordes que evoca aires flamencos

y termina por arrancarse por fiesta.

No lejos de allí, un grupo numeroso

se arracima ante una pantalla gigante

y brindan cada gol como si en ello

les fuera la vida misma.


Por entre el gentío, circula un desconocido

apelando con tristeza a la misericordia,

con gesto de apenada derrota

y un vasito de plástico con algunos céntimos;

en competencia con el vendedor de ocurrencias

y el del cesto de almendras tostadas,

calendarios o un surtido de estampas de culto.


Me sitúo en perspectiva

y observo con cierta minuciosidad,

un supuesto saque de córner,

desde el “amanecer” “veneranda”

hasta el concurrido “central”:

un rincón síntesis de toda la Alameda.


Más tarde, hasta la madrugada,

sin pausa y sin prisas,

se orillarán hacia copas

y combinados con mordiente,

acordes con la nocturnidad

y la respuesta que el organismo intuye

y el bolsillo soporta.


A los cuarenta ya deja secuela los años

y urge a los cuerpos por vivir intensamente,

aunque la intensidad sea un atentado

contra si mismos y también el vecindario.