
Fotografía de Escolástico Martín, "Tico"
Amanece
la luz para el justo,
y
la alegría para los rectos de corazón.
(Sal
96, 11)
En
la penumbra de este amanecer,
un
rayo de esperanza
ilumina
el camino de la concordia,
el
asidero al que encadenarnos
para
reconstruir desde los cascotes.
Pasaron
los temblores, los temores,
el
miedo aferrado a la afonía del silencio.
Es
hora de alumbrarnos de una misma luz,
de
calentarnos en la misma lumbre,
bajo
los acordes de un mismo espíritu.
Todos
de la mano, todos uncidos
a
una misma y única esperanza,
para
minimizar y suturar las heridas,
tanto
las ajenas como las propias.
El
sol alumbra el nuevo amanecer,
vindiquemos
la alegría como himno,
el
júbilo por la supervivencia
y
la esperanza de alcanzar
una
meta común, codo con codo,
hombro
con hombro, hasta saciarnos.
Apoyando,
no criticando, no discriminando:
toda
vida, desnuda de oropeles,
neta
y tasa única en toda subasta.
Amanece.
Trae tu mano, toma la mía:
encadenemos
los esfuerzos de todos,
hacia
un mismo y único fin.
Preservaré
tus manos de mi crítica,
sellaré
mis labios con el silencio,
les
daré un suave toque de sonrisa
con
el vehemente lápiz labial,
y
apoyaré los esfuerzos de todos
con
mi voz o mi silencio,
hasta
quedar alumbrados de la única luz.