A veces, me glorío en mí mismo,
y me ufano tanto,
que la glotis se queda sin espacio
y acabo empavonado
y con dificultades respiratorias.
Busco justificantes
y hasta los encuentro,
porque no hay nada más fácil
que barrer para casa.
Lo difícil es que te piten falta
y aceptar de buen grado
los méritos de tu contrincante.
A veces, otras veces,
me doy cuenta de mi cerrazón
y hasta comprendo al otro
y lo justifico interiormente,
pero me faltan arrestos
para manifestar mi aprobación
en público.
Así, esas veces,
tan solo esas veces,
evito que pueda sucederle a él
por liberarle del riesgo de ufanarse.





