Este candor que brilla a toda luz,
esta mirada cenital de julio
que rasga el velo de la noche,
es albura de nieve cálida al amanecer
y júbilo radiante en la exuberancia
que se explicita en las playas,
en las carnes que estaban ocultas
y ahora se abren paso por la escotilla.
Un pudor que se relaja en horas estivales
y desvela el adormecido sopor de la espera,
el enigma de lo encerrado sin sentencia.
Candor, brillo al pudor arisco, al candor
de un encierro inducido que ahora asoma
y se hace muestrario de libertad sin límites.






