Festivo es despertar de buena hora
y pensar en ti, en él, en vosotros,
no en qué me pongo hoy
sino con qué sonrisa me revisto
estos pequeños inconvenientes míos,
esos de mi día a día, para maquillar
y hacerlos inapreciables a los demás,
con tal de les pase desapercibidos.
Festivo es disfrutar a tope el partir,
y mucho más que eso el compartir
en una mesa con todos los asertos
y sin ninguna excepción que lamentar;
donde sea abundante el pan
y generoso el unto, la grosura
de lo ocasional y extraordinario;
también algo de vino, de cerveza,
de refrescos, con y sin,
siempre acomodaticio
y siempre al gusto de todos.
Festivo es hacer de este lunes,
o martes, o miércoles, una solemnidad
que habita en el deseo y no en el calendario;
porque en verdad, lo festivo,
son las miradas, los alientos,
los buenos deseos, las sonrisas,
los abrazos, y el interés por un bienestar
que salga de ti y haga diana en el otro.
¡Ven, hagamos una verdadera fiesta!



