Oigo un trémulo goteo de lluvia
que atraviesa mi sueño con musicalidad
y me empapa desde la cabeza a los pies.
Es la madrugada, son esos instantes
donde todo se magnifica
y lo nimio se hace turbulento,
y aparece subrayado en primera línea.
Prendo la luz, la sacudida me cierra los ojos.
Las tres y media. Un momento inoportuno
en el que buscar derivadas o desenfoques
sin salirse por el peralte en un último tumbo.
En el baño, parece que reina la normalidad,
si bien, lo complejo será, en adelante,
trazar cada una de las coordenadas
de la paz y el ritmo sosegado de las cosas.