Recordar es versionar,
no es volver a vivir,
sino dar trompicones desacertados
por la historia lejana que,
sin dejar de ser cierta, apenas tiene
los méritos que en lo íntimo le concedemos,
y cuyas reposiciones son un visado
con libertades y licencias no siempre
o casi nunca justificadas o valoradas.
Recordar, desde la edad del murmullo,
es tratar de emitir, a todo color,
lo que apenas fueron apéndices inconsistentes,
ya que solo figuran en el rescoldo
de un fuego del que ya no quedan cenizas.
En lo sombrío de las muchas flaquezas,
una pica, un intento de pica en Flandes,
para rivalizar con la decadencia física y anímica.






