Allá arriba, al borde de la cúpula,
pero menguando y ensimismándose
hasta negarse a sí misma,
una oclusión que se achica,
que se sale por el vertedero de la tangente
y se despeña.
Luz ignorada, destello que decrece,
que cada día se deja jirones de sí
y se achica y aquieta hasta enmudecer,
con la esperanza de un renacimiento
que vendrá a darse un garbeo por el reverso
al igual que se inicia el calendario.
Te desnudas, te escapas, te volatilizas
de la bóveda celeste
y no dejas ocasión ni recreo a las miradas.
¡Oh, luz noctámbula que se deshielas
para vigorizarse y renacer con esplendor!