Desde el aire, con toda asepsia,
como repitiendo desde la saciedad
¡ahí lleváis!
Y la metralla afila sus dientes
contra personas y lugares estratégicos,
entre los que se encuentran
nidos concretos,
además del azar de los pequeños errores,
mas la intención en colegios y hospitales,
el inicio a la vida y el afán por preservarla.
Alguien, desde su desatino y desequilibrio,
se ha erigido emperador indiscutible
de vidas, haciendas y destino,
desde el verdor apacible y deportivo
de su personal campo de golf,
y sella con su ampulosa firma televisada
abajar los collados, desbrozar las sendas
hacia una materia prima escasa y deseada.
Y al desequilibrio se suman
sonoros silencios y rebuscadores de escombros,
quienes se alinean con el gallito del recreo
aplaudiendo y azuzando,
y quienes miran distraídos
porque en esta ocasión nada va contra ellos.
Y yo, y nosotros, en la desesperanza
de no ver repatriar a esos íntimos
que oyen las explosiones
en la fragilidad de ellos mismos y su descendencia.






