Lentamente, con acordes en fuga
y sonrosados, se va tiñendo la tarde
con sobrehilados de nostalgia.
Un plano único, subdividido y diverso,
una conjunción de matices uniformados:
lontananza inalcanzable, proximidad
y también engañosa cercanía.
Grises desteñidos de tonos rojizos
como delicados cortinajes de bambalinas
que emulsionan los matices,
según la dramaturgia de la escena.
Lo que fue un perplejo y agitado laberinto,
es ahora una invitación reflexiva
que oculta y embellece la tintada caprichosa
de este atardecer otoñal,
rezagado en un más que atemperado
ocaso de sombras dispersas.