No suena,
es un lastre en el bolsillo,
un ladrillo que ladra inoportunamente,
que lastra el cuerpo y esclaviza el ánimo.
Es verdad que le he quitado el sonido;
vibra y yo tiemblo.
Tampoco es esta la llamada que espero:
una desconocida, de marca inoportuna,
quiere venderme algo que no necesito;
allana el camino con un tuteo repelente,
aunque en verdad lo molesto
es que no entre la llamada esperada.
Quienes venimos de operadoras
y de tiempos de demora,
estamos lejos de adaptarnos
a tanta innecesaria tecnología.
Antes, en ese pasado que se alejó,
todo se resolvía en ventanilla,
aguardando cola.
¿Quién da la vez?
Y te fijabas en la blusa o el peinado,
o en la chaqueta a cuadros, raída por los codos,
y el pelo atusado con brillantina.
Introduzca su DNI o el certificado digital…
A estas alturas, bloqueado
y con cierta angustia,
¿alcanzaré algún día la cita con el psicólogo?






