No quiero ser agua, ni dulce ni salada;
ni el agua calentita de la ducha,
ni el agua tibia y removida del mar.
Prefiero ser la arena donde reposes,
esa marca con tu figura y su escalofrío,
cuando te retiras de tomar el sol,
y conserva modelado tu contorno.
Quisiera ser vidrio, o porcelana,
o tal vez alpaca o plata…
Quisiera ser vaso, copa, cuchara,
el medio que liben tus labios
y deje en mí la destemplanza
de haber sido besado y lamido,
repetidamente libado
por el fuego sediento de tu boca,
hasta volver al anonimato de la estantería
y esperar una nueva oportunidad.