Despierto con el murmullo del ayer,
el mismo lodo tratando de embarrar
y eclipsar la luz en un rapto inmisericorde
que enturbia y lo emborrona todo.
La verdad anda secuestrada,
oculta entre barrotes de artificios
o directamente no interesa;
tampoco es fructífera
para quienes pretenden manipularlo todo
y revestirlo de una pátina de conveniencia,
de autoría poco confesable.
La mentira en cambio,
-con su peluca color zanahoria-
no titubea y pasa los controles sanitarios
con el marchamo de credibilidad
que concede el mundo de lo justo.
Por si no fuera suficiente,
un abrillantado razonable de IA,
la solemnidad de la puesta en escena,
y el contrapeso aquilatado y mayestático
del prestigio social que conceden los telediarios.
Para algunos, el periodismo,
esa manera subvencionada de mirar sin ver,
y menos aún contrastar,
es un maquillaje eficaz de autodefensa.





