Hoy se ha cruzado en el camino
un abigarrado flujo de sombras
que lo empaña todo de cierto lloriqueo.
No llueve, apenas es una amenaza
que ha encerrado la luz entre atrezos.
Quizás también yo pueda ser amarga sombra
para alguien que había puesto en mi
un hálito de infundada esperanza,
y se encuentra con el postigo de la indiferencia.
Somos muy dados a juzgar y a enjuiciar,
pero siempre hacia lo externo,
hacia esa capa que nos envuelve
y hasta nos aísla de todo aquello
que nos rodean y debería implicarnos.
Quizás, la próxima vez, debiera mirar
hacia adentro en lugar de culpabilizar,
no importa a quien, con tal de salvarme.




