Faena fatigosa, interminable,
a pesar de las lindes
y de la mirada codiciosa en espera
de fértil abundancia,
también de la ambición sin límites
y de los espinos;
generosa, cuando es bondadosa la entrega,
el sudor, el cansancio,
y el tiempo propicio en cada instante.
Las albarcas del abuelo, las huellas del padre,
la memoria de un tiempo de subsistencia,
según los frutos de temporada,
lo memorizado y repetitivo
en alianza con las innovaciones,
la creatividad que reverbera,
y las necesidades del día a día.
En el grosor de un lomo
las cavidades gestantes,
donde se producirá el despertar de la simiente
que ya se despereza entre terrones binados,
como placenta estercolada y fecunda.
Asentamiento, germen, tradición,
perfil del tiempo, espíritu innovador
que se ahuyentó y desarraigó de la nacencia,
para placear por avenidas y bulevares
con la mirada retrospectiva en las raíces.





