Son pocas, pero hay rótulos
en los que se responde a las incógnitas
con la destreza del maestro,
-en el encerado-
sin necesidad de hacer logaritmos,
ni de estrellarse contra un muro.
Nadie saldrá vivo de esta agitación:
unos verán aliviados sus tormentos,
otros se desesperarán
cuando vislumbren
que se les acaba el saldo
y apenas les queda calderilla.
Antes o después seremos ingrávidos,
-opacos o luz, depende-
y se acabarán las dificultades circulatorias
y también las de estacionamiento,
aunque demasiado tarde,
sin otra salida que la resignación.