Por
encima del gentío del verano,
pasó
la ola de agosto y sus saturaciones:
las
dificultades de aparcamiento,
el
bullicio de terrazas y chiringuitos,
la
provisionalidad del vestir,
las
estrecheces y las transparencias,
un
rigor todavía informal,
mejor
entonado de cara al otoño.
De
momento, la mudanza
es
solo un guiño de proximidad
que
no se certifica de otro modo
sino
con pérdida de vigor;
ha
menguado el día en su inicio
y
también en un atardecer precipitado.
Las
vacaciones han tocado fondo,
pero
persisten jubilosos los jubilados
y
los bolsillos sin fondo que no se agotan.
El
tránsito de nebulosas en el cielo
es
más versátil, y el calor se alterna
con
el repelús a lo largo de la tarde.