Algo de la mar se viene adherido
tan solo con contemplarla:
la inagotable inmensidad,
su musicalidad, la sensación rítmica,
la salinidad, el frescor en la piel,
el cosquilleo de su espuma
y el masajear de la arena al andar descalzo.
He vuelto cargando, amén de los bártulos,
de un surtido de piedrecitas
lijadas y esculpidas por las aguas agitadas;
algo de sal en la piel,
algo de arena en los pies,
y un mucho de infancia
que ha recrecido como algas filamentosas
que prometen volver mañana.
En el tejado de enfrente,
una gaviota hace equilibrios sobre la antena,
al tiempo que gorjea sus cánticos:
no se ha perdido,
la basura es repelente para unos
y alimento o manjar para quien nada tiene.
Pensé que me había perdido en espejismos,
pero este revoltijo de visiones veraniegas
es tan solo, la subida al trastero
a buscar las maletas y seguir soñando.






