A Ana Escalera, insigne fotógrafa
Está ahí, en lo inmediato,
pero ni vocea ni se auto proclama.
Surte desde el seno de la tierra
como sonrisa silente de color clorofila.
No se anuncia, no se proclama,
actúa en el mayor de los silencios
y tampoco busca honores,
ni tan siquiera lugar de privilegio;
un nombre común, nada específico,
la hierba, uniformada de verde
surte donde puede, en cualquier paraje
donde las condiciones de agua y luz
sean propicias para una germinación copiosa:
junto al camino, en la parcela abandonada,
en el erial de un barbecho o dibujando las veredas,
en el sembrado hasta que la hostigan,
en las praderas pintándolas de verde,
entre las rendijas del adoquinado
o en una grieta en la pared cuando se hace suelo;
pero nadie se fija en ella. Si no molesta,
tampoco es objeto de miradas complacidas,
salvo que alguien, a través de su objetivo
le conceda una mirada peculiar,
y la ponga en primer plano de lo perpetuo
para convertirse en un apreciado referente.






