Fotografía de Ana Escalera
Somnoliento, meditativo,
andaba un tanto cabizbajo,
mas al abrir los ojos
fue como un destello iluminado,
una instantánea
con vocación de duradera permanencia,
en la que poder valorar
el momento preciso y crucial
entre esqueje y tallo virginal que se propaga
y se proyecta,
en tanto germina y se recrea la mirada.
Todavía un renuevo en el aturdimiento del tránsito,
la curva evolutiva
en la que se sale por el peralte
o rectifica y ajusta los valores
entre el ayer efímero y el mañana ignorado,
pespunteando en débiles flecos
de cinco futuras corolas,
próximas a despertar
del sueño macilento y creativo,
entre el ayer en fuga y el mañana explosivo
y a todo color:
una zancada genética inapreciable
que se vive a oscuras,
y, salvo excepciones, pasa inadvertida
en el fragor del patio,
donde el resto dormita somnolencias.






