Vengo caminando desde el pretérito
y amasando y conformando lo que soy,
en medio del entorno en que me muevo.
En el pretérito, guerras, muchas guerras,
y en el estudio de la historia del hombre,
la guerra como diapasón de la lenta
cadencia y la musicalidad de los años.
Lo que intuyo es un ir a más
por el camino de los imponderables,
apoyado en el bastón de los días
y tratando de sortear los escollos,
si bien no siempre son eludibles.
Conjugar el futuro es siempre un acertijo,
pero hay cosas que se intuyen a lo lejos,
como las posibles vicisitudes en el camino,
y otras que nos asaltan con la ferocidad
de lo hasta ahora inesperado e imprevisible.
No es mi derrota la que lloro y lamento,
es el mundo que dejo a mis herederos:
la falta de honestidad y la rapiña, los bulos
entronizados en el diario de sesiones,
los exabruptos, la pérdida de ideales,
y como coronación de la reina de la fiesta,
la imposición de las armas caiga quien caiga.
Viene a un mundo de silencio, cuando
ya se habían acabado los fratricidios,
y temo que voy a despedirme en el fragor
de un estallido incontrolado y estéril:
¡cainitas de principio a fin!




