Dolor, un silencio roto
murmurando en el alma,
una queja callada que se derrama
como acuse de recibo de lo recóndito,
a veces escaparate
en el gesto contrariado y adusto.
Cuando es crónico,
cuando se hace asiduo y hasta constante
en las horas infinitas,
hay quien teje mentira en los labios
y comedia bufa en lugar de tragedia.
Dolor, ese mal inquilino,
ese morador que merodea lo íntimo
con nefastos modales,
sin contar con el beneplácito
de quien lo padece y sufre en silencio.