Incluso sin cruzarlo,
el puente es un nexo entre lo soñado
y aquella limitación que lo impide.
Hay puentes que unen con la infancia
o con lo inalcanzable,
y todos, todos, una ribera con la otra.
Los puentes, esas alas de lo imposible
que nos permiten vadear en seco
de una a otra orilla de los sueños,
el archivo donde permanece la memoria
sin necesidad de rescate,
el álbum perenne de las vivencias
y también de lo imaginado e inexplicable.
Al otro lado del puente
viven las conjeturas, barajadas o no,
en espera permanente;
y así, duermen los días y las noches
con la esperanza de que suene
la claqueta de acción
donde habita lo inalcanzable.