Sala de Espera. Litografías
anatómicas
y paisajes urbanos donde la arquitectura
reviste papeles secundarios.
Espera que desespera y gente
desconocida que ni mira ni habla;
se entrecruzan chasquidos
eléctricos,
miradas escrutadoras que no
acaban
ni en encuentro ni en
palabras.
El tiempo de espera es
denso, espeso
como la mermelada de naranja
amarga.
Un silencio que acaba por
abrir la boca
y dejarla a la intemperie de
una bata blanca.
En una mesita baja un
cestillo de flores
atemporales para las que no
pasan
las estaciones ni conocen un
vivero;
una docena de revistas
manoseadas
y primeras planas que
dejaron de ser notica
que ni me atrevo a hojear
con el ojeo,
para no tener que pasar al
cuarto de baño.
Al fondo, ruidos metálicos a
través
de una puerta
indiscretamente mal cerrada
y pocas palabras con rumor
de despedida.
¡Ya me toca, ya estoy a
punto de pasar!
Así es. ¡Abra la boca! Comienza
el suplicio
de los gestos y jergas con la
enfermera.
¡No va a notar nada! ¡Será
visto y no visto!
Resisto un pinchacito y
llega la dormición
local y se me pone la cara
de bobalicón:
el dentista manipula,
pregunta
y respondo con gestos
adormecidos.
Anuncia el presupuesto y
facilidades
de pago; luego me va a
costar… un ojo.
Saludo cordial y la sonrisa
blanca
de la enfermera anticipa la
minuta
y la nueva cita, antes de
abrir la puerta;
todo en un santiamén indoloro,
incoloro, amable, insípido y
caro.
Hay muchos motivos por los
que odiar
a los dentistas, pero en
estas circunstancias
no se me ocurre ningún
improperio.
ESPECTACULAR radiografía de una sala de espera.
ResponderEliminarMi odontóloga es una ex alumna, ya te lo conté , me trata con mucha delicadeza y la Clínica Dental es preciosa . Igual no quiero saber nada con el dentista.Me enferma.
En mi época eran torturadores seriales. Ahora, es otra cosa , los chicos no tienen miedo y son atendidos súper bien. Pero lo que queda, queda. No lo quiero ni pensar.
¡ja ja ja! me hizo mucha gracia lo de las revistas ...
Apapachos.
Ayer fui a acompañar a Pepita al dentista y ese es más o menos el panorama que uno encuentra, especialmente durante la espera, así que en lugar de mirar las revistas, saqué el cuaderno y el bolígrafo y tracé esta tontería que me divirtió hacer.
EliminarApapachos.
Será porque voy dos veces al año al dentista no les tengo ningún miedo, en cuanto a la sala de espera, desde hace tiempo, me llevo el libro electrónico y leo, dejando de lado esas horrorosas revistas de sabe dios que año.
ResponderEliminarUn abrazo.
Yo por suerte voy poco, ya que es de lo poco sano que tengo, pero mi mujer es asidua: Como ya he dicho, saqué el cuaderno y el bolígrafo y me aparté un poco del lugar, pero describiéndolo. Es una persona exquisita y uno de sus hijo y el pequeño mío han trabajado juntos incuso. Una relación muy cordial.
EliminarUn abrazo.
De vez en cuando hay que ir al dentista, besos para ti.
ResponderEliminarSí la boca no es cosa de descuidarla, pues se trata casi de la tarjeta de presentación de las personas.
EliminarUn beso limpio para ti, Amapola.
No compro nunca revista, pero el aburrimiento de una sala de espera me hace dar un repaso a todas ellas.
ResponderEliminarBesos
Pues luego tienes que lavarte las manos. Jajajaja.
EliminarBesos.