07 julio 2020

PÍRAMO Y TISBE




Como Tisbe, la gracia y la hermosura,
el fruto apetecible en la edad temprana,
el garbo y el donaire, la sal del mar,
la mies son sus caderas oscilantes
cuando se mecen sacudidas por la brisa
y el aire se frena vencido en competencia.

Así es el fragor de este impulso demudado,
de este latir que ahoga mi resuello,
de este vivir que es morir desde este lado
en la prisión que una pared nos ha interpuesto.
Este temblor de tu voz por la fisura
es el aliento que a vivir me sostiene
y es la esperanza, y es mi obstinación
por salir y abrazarnos tierna y largamente.

Mas no sea nuestro final bañado en sangre
como lo fuera el hecho mitológico,
pues la espada que porto no es de acero,
no rebana, no pincha,  no corta, y tampoco
busco otra alternancia que disfrutar el juego
florar que se ensarta entre estos versos.

06 julio 2020

RETRATO DE MUJER




Sentada de espaldas,
de cara al mar,
en pose de buscar anonimato,
de extasiarse en el azul salado
y otear una larga despedida
o una arribada que no llega.

Sola, en el duro malecón
húmedo y salobre;
las piernas se han precipitado al vacío;
la mano derecha haciendo de visera,
brazo acodado como asa de ánfora
y el otro desplomado en equilibrio.

Su vestido es festivo y ampuloso
después de las caderas
y su desnuda espalda de alabastro
enjuta y estilizada, confín y soporte
de su esbelto cuello, del que pende
un lazo que mueve a capricho la brisa.

Los tornasoles de su cabellera
incendian la tarde
y un mechón rebelde bromea con el viento,
como ella en su conjunto juguetea con mi ánimo.

05 julio 2020

YO SOY AQUÍ Y AHORA




Volver a Ojén es un encuentro
con mi infancia,
un paso atrás que toma sus fueros
en la memoria y se agiganta.

Yo soy aquí y ahora,
la torpeza de estos pies
que necesitan un tercer apoyo
para sustentarme en equilibrio
y desplazarme.

Sus calles empinadas, empedradas entonces,
y sus paredes inmaculadas
de cal y esfuerzos,
ahora pintura plástica;
la escuela, la pizarra, la tiza,
la Enciclopedia Álvarez,
los dictados y las lecciones de memoria;
la plaza, los juegos,
el pobre alumbrado público
alarma para volver a casa;
la huerta, el sudor
con el que amasar el pan
y la colaboración familiar los días de cosecha;
ya son casi todos extraños;
tan solo, a veces, rasgos familiares
de aquellos que viven en mis recuerdos.

Yo soy aquí y ahora,
pero ha pasado el tiempo
y, como una ola,
me revuelca en un ayer que late,
pero no volverá.

04 julio 2020

ANTONIA




La espalda cargada de años,
algo encorvada y la mirada perdida
como niña deslocalizada
que sus padres andarán buscando;
de su mano, un anciano ángel,
la única persona a la que reconoce,
más por la voz y el tacto
que por la presencia visual
desde sus ojos entornados,
casi opacos.

Un borrado total, una tabla rasa,
una afasia en fase aguda,
una vida dormida en un corazón que late
a ritmo muy pausado;
en su cuerpo, el desgaste de los años,
el tránsito de posibles amarguras
y gestos infantiles, como inocentes.

Él, colmado de paciencia,
pastor amoroso,
la conduce con gestos y voz tenue
colmada de dulzura:
tranquila, Antonia, yo estoy a tu lado.
Los efectos son poco duraderos
y volverá a requerir en breve de su ternura:
dos ancianos en una única cabeza
que rige.

03 julio 2020

ME MIRAS CON TUS OJOS DE MIEL




Me miras con tus ojos de miel
y lo rancio se me volvió meloja,
como si besara tus labios
o rozara con la punta de mis dedos
la ráfaga de aire que te eleva
por encima de las nubes hacia lo imposible.

Naciste como de un ensueño,
un capricho que se hizo verosímil
y hasta creíble,
cuando me miraste desde la ojiva
de tus dos ventanales de par en par,
electrizando mi voluntad por siempre.

Allí, en aquel instante, nacimos
tú y yo.
Primero se consagraron nuestras miradas
y luego ambos obedecimos
a la laxitud de nuestras sometidas voluntades.

Debajo de la cascada de tu melena
─hombros abajo─
debía haber algo  o muchísimos más,
pero mi fijación se hizo exclusiva
en tu mirada.

02 julio 2020

ALLÁ LEJOS




Allá lejos, detrás de la ardiente arena;
muy lejos, donde el agua del mar
parece desaparecer por el precipicio
invisible de la línea del horizonte,
más o menos por donde debe ubicarse
la Atlántida;
allá los besos ardientes entre el cielo y la tierra,
las caricias gestuales entonando endechas
y cánticos amorosos, y los misterios.

Esa es la línea de fuga, la vasta fisura
por la que se filtran los náufragos
camino de la eternidad, anónima y silente;
allá lejos, donde el silencio es música
engullida por las olas
y la espuma la sonrisa que todo lo envuelve.

Allá lejos, la incógnita, tal vez la amenaza,
salvo para quienes hemos recibido
el anuncio de la verdad.

01 julio 2020

TODO SE HACE GRANDE




Todo se hace grande en mi presencia
y ocupa un lugar preeminente
al que voy cediendo espacio,
como relegado por los objetos
que un día fueron novedad
y ahora no ceden en su protagonismo.

El primer teléfono vino a casa
como tras una gestación
de muchos meses de espera;
las cartas y las tarjetas postales
seguían cubriendo las distancias
entre los afectos alejados.

La aparición del ordenador
fue relegando al manuscrito
y con él a la singularidad caligráfica;
nos adentramos en el bosque talado
en el que la regeneración
pasa por la repoblación de lo inhóspito.

Llega el teléfono móvil y con él
las redes sociales en permanente guardia
y con ello el trato fluido con los distantes
y la intimidad distante con los cercanos.
Ahora todo es inmenso en mi presencia
o quizás soy yo quien mengua día a día,
tras poner mis capacidades al límite.
El reloj no tiene horas para la convivencia,
pero las pantallas son un hervidero
donde una muchedumbre
baila alocadamente los ritmos de moda.

Muchos artefactos que envejecen
en plena juventud,
una caterva de instrumentos novedosos
que me roban la paz y el sosiego,
la contemplación y el silencio.

Todo ha crecido tanto en mi presencia
que ya no hay un encuentro
que no haya sido pertrechado
a mis espaldas y contra mi voluntad.