Los árboles lloran la clorofila de ayer,
sus lágrimas son ocres fundidos
en la maceración de los cárdenos,
mustia mirada nostálgica,
demacrados suspiros
de pena enrojecida de impotencia.
Llovizna forestal
que gota a gota, hoja a hoja,
alfombra el paseo y lo hace mullido
en un crujir musical
que marca el ritmo de nuestro caminar
por el paseo o la floresta.
Todo esplendor duerme su noche oscura,
su tránsito ciego;
toda muerte es un renacer a la vida.
No hay vida nueva
sin tránsito por el calvario del dolor.
Lloran los árboles,
llora la naturaleza y lloro yo
la aspersión en el sustrato y humus
del que renace la vida
y el nuevo latir como verde brote de esperanza.