17 enero 2026

LA ATARDECIDA

 



Salgo al encuentro de la noche,

a buscar mi ayer en esas horas disipadas

que ahora no frecuento,

a medir la distancia entre lo que fuimos

y aquello en lo que nos hemos convertido.


Un gentío. Unos van y otros vuelven.

Las calles son un hervidero de sensaciones

entre foráneos y algunos autóctonos,

entre el aluvión que justifica

los numerosos apartamentos turísticos

y también el creciente censo hotelero.


Esta sociedad no se resigna a prescindir

del ocio ni de lo superfluo. Lo banal

es ahora la médula de lo enmarañado

en los avariciosos recodos del deseo.

Adelante. A todo trapo, pese a quien pese.


Las tapas se han alargado y ensanchado

y ahora son raciones extraordinarias

de igual calidad y mayor precio.

Salvo excepciones, si no llevas reserva,

te vuelves a casa tal como saliste.


Yo vuelvo por entre la hilera de naranjos

para no confundir el camino recto,

a encontrar en casa lo que salí a buscar

y a apagar el deseo de una nueva salida.


4 comentarios:

  1. Se están volviendo invivibles nuestras ciudades. Los de bares y restaurantes se hacen de oro.
    La calle de la foto... ¿ pudiera ser Placentines?

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    1. Se ha perdido lo común, la cerveza y la tapa; ahora todo es extraordinario. Pudiera ser Mateos Gago, Cayetano.
      Un abrazo.

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  2. La fotografía es preciosa, Francisco...Sevilla se ha vuelto universal y comprendo que es difícil deambular por sus calles con tanta gente extraña y variedad de bares...Como bien dices, es bueno volver a casa a hallar la paz, pero también es bueno salir y charlar con la vida, aunque tengamos idiomas diferentes...
    Mi abrazo entrañable y feliz fin de semana, amigo poeta.

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    1. Mi vida profesional, desde muchacho, se desarrolló en la hostelería y se forjó charlando y conociendo lenguas y formas de pensar bien diferentes, pero esto es otra cosa absolutamente distinta que nos ha cambiado la sociedad, también esa que nació a la sombra de la vieja hostelería.
      Un abrazo entrañable, María Jesús.

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