Salgo al encuentro de la noche,
a buscar mi ayer en esas horas disipadas
que ahora no frecuento,
a medir la distancia entre lo que fuimos
y aquello en lo que nos hemos convertido.
Un gentío. Unos van y otros vuelven.
Las calles son un hervidero de sensaciones
entre foráneos y algunos autóctonos,
entre el aluvión que justifica
los numerosos apartamentos turísticos
y también el creciente censo hotelero.
Esta sociedad no se resigna a prescindir
del ocio ni de lo superfluo. Lo banal
es ahora la médula de lo enmarañado
en los avariciosos recodos del deseo.
Adelante. A todo trapo, pese a quien pese.
Las tapas se han alargado y ensanchado
y ahora son raciones extraordinarias
de igual calidad y mayor precio.
Salvo excepciones, si no llevas reserva,
te vuelves a casa tal como saliste.
Yo vuelvo por entre la hilera de naranjos
para no confundir el camino recto,
a encontrar en casa lo que salí a buscar
y a apagar el deseo de una nueva salida.
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