Al otro lado del seto,
la sobreabundancia, la lindura lindera,
la musicalidad de notas inspiradas
y la cadencia de lo festivo
en el rigor común del día a día.
Un seto, tan solo un seto nos separa
de esta vecindad codo con codo,
murmullo con murmullo y eco con eco.
Desde aquí la escucha atenta,
desde allí, la musicalidad pianísima
y las bellas cantatas con las que despierta
mi ritmo adormecido entonando en do.
Por encima del muro, se asoma el verdor
incendiado de un rojo magenta-fucsia;
tal vez sus mejillas, el rubor de sentirse
seguida paso a paso por un espía que presiente,
pero que palpita con sus toses y carraspeos
y que se deleita cuando entona,
desde los cálidos a los agudos de un aria
y se deja sacar de área con su lindura lindera.

Eso cuando hay buena vecindad.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco.