10 enero 2026

EL OCASO

 




El ocaso, cuando se eterniza,

se amilana en el silencio

y la línea del horizonte se quiebra,

se hunde hasta la sima de lo recóndito;

se ha truncado por el talle

y pierde su progresión,

sin posibilidad remota de ser calafateada,

achicada y puesta a flote.


Los días tienen una muerte transitoria,

un espejismo sensorial,

un tránsito imparable

del que renacen al alba

por la inercia del círculo;

pero no se quema dos veces

el mismo pino, ni la abulaga,

tampoco se queman las cenizas,

ni se renace del camino sin retorno.




5 comentarios:

  1. Mira que es repetitivo el ocaso. Todos los días la misma retahíla. Será tal vez para irnos acostumbrando.

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    1. Más bien un recordatorio de la monotonía de la vida: todo es siempre igual, pero no idéntico. Nos distinguimos por los matices.
      Un abrazo.

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  2. Al leer el poema me queda una sensación de quietud y de algo que se apaga despacio, sin dramatismo, pero sin vuelta atrás. De esos que te dejan un rato en silencio.

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    1. Muchas gracias, Ángelo. El tiempo es eso que pasa por delante de nuestra ventana, del que a su vez somos partícipes. Todos tenemos un papel más o menos fundamental, pero mediante un contrato que acaba. El silencio ayuda a la meditación y ésta a entendernos mejor con el medio.
      Un saludo.

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  3. El ocaso, una cita diaria, pero cada día diferente, lo que lo hace que su atractivo no desfallezca. Saludos, Francisco.

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