De repente, amanece, y todo se acelera,
comienzan las prisas, el baño ocupado,
el café ardiendo y el pan duro;
otra mirada al reloj que avanza sin frenos:
la mañana es la volatilidad de la vida.
Se refrena en el trabajo y hasta se eterniza
en la sala de espera del consultorio médico,
es motivo de enfermedad pasiva y penitente.
De repente, la sobremesa, los bostezos,
unos minutos de relax mirando a los adentros
y ya atardece sin la menor misericordia.
De repente, noche cerrada, todo se enmohece,
un repaso a la agenda, copia del día anterior;
prisas, una cena frugal y un cepillado de dientes,
el despertador está alerta en la mesita de noche.
Última reflexión del día. Pausa. ¿Valió la pena?
Y de repente, mañana, más de lo mismo.
Somos pura rutina. Además del café ardiendo y de aglomeraciones en el baño... te falta poner la entrada del blog de cada mañana.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco.
Entre mis muchas deficiencias, querido Cayetano, las tecnologías y la escasa memoria juegan en mi contra.
EliminarUn abrazo.
Francisco, nuestra mente humana a veces traiciona, nos muestra limitaciones y fallos. El corazón está en alerta y aunque sabe que, la lógica está en la mente, también sabe que sólo el alma sabe ver ese"algo más"que cada día nos deja entre rutinas y horarios...La clave está en esa pregunta, que es necesario contestar: Valió la pena? Te invito a que profundices, porque sabes hacerlo muy bien, amigo...
ResponderEliminarEspero que este año te deje mucha salud y alegrías, te las mereces, amigo poeta.
Mi abrazo entrañable y mi cariño.