La delgada línea del horizonte
me envuelve la mirada
y la dilata de oriente a occidente,
de este sur a otro sur más profundo.
La mar es un bálsamo
con leves o crecidas oscilaciones
que resiste todas las miradas:
las del experto que observa los fondos marinos
y la del lúdico ocasional
que gusta acaramelarse en el ocio.
Pienso en ese más allá de la mirada
y solo descubro cuestiones insolubles:
no hay salvoconductos para todos;
tampoco hay pan, arroz o mijo;
ni siquiera alcanza el agua potable.
Al parecer, el mundo se sustenta
en parámetros indivisibles
que fueron creados mucho antes
que las necesidades humanas,
de ahí la incapacidad matemática
del partir y el compartir.
Dicen que aún no existía el cero,
pero ya se le había concedido
su negativa asignación.
Y, al parecer,
el seguimiento sigue siendo fiel.

El horizonte no es el mismo para todos.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco.
El horizonte es una virtualidad: ni es el fin, ni es una línea recta. Más allá de donde no alcanzamos a ver, otras realidades con sus necesidades y carencias.
EliminarUn abrazo, Cayetano.