Por lo visto, el emperador ha despertado
de su comedida somnolencia
y ha detectado en sus recónditas vísceras
un insatisfecho sueño ardiente
que le devora sus foráneas apetencias.
Por lo visto, sin llamar a consulta
ni a cónsules, ni a pretores,
con la mirada de fuego electrizante
de un tirano que apaga fuegos con petróleo,
ha dado órdenes a centuriones y tribunos
y ha puesto en marcha su sueño expansionista.
Por lo visto, sus estrábicos ojos
y su tupé dorado, no solo miran al sur,
sino que se extasían contemplando
esa basta extensión congelada al norte
y ya ha mandado diseñar antorchas y aparejos
con los que someter el penúltimo capricho.
Por lo visto, se ha levantado una tupida sombra,
obsesiva, opresiva e inmisericorde,
que ciega y niega la trayectoria del sol
por valles, montes y collados,
y hasta el mismo discurrir apacible de los días,
un vendaval de tristeza que ciega la razón
lanzándose al vacío y arrastrando vidas y haciendas.
Por lo visto, estamos ante la memez sin gracia
de un débil payaso cargado de sinrazón,
un demente tirano que sueña días de gloria
mientras cercena la noble arquitectura geopolítica
y calcula cómo trasvasar hacia él los bienes ajenos.
Dictador con uniforme de chaqueta y corbata.
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