Levanté un desfiladero de palabras
y no alcancé el objetivo franco.
Esculpí una torre de oraciones
y todas me salieron subordinadas.
Garabateé fachadas y murales
y amanecieron tachados o repintados.
Fragüé vocablos aromáticos
y flores orales que se ajustaban al ideal,
y se marchitaron sin siquiera la posibilidad
de hacerles una fugaz probatura.
Construí un reino en mi mente
y te cambiaste de acera sin un gesto.
Barajé mi suerte con el silencio
y me venció de manera aplastante.
Me diste plantón y te sigo esperando…
Mis palabras te parecen ripios insulsos,
o tal vez cantos rodados, cuerpos anodinos,
flacos o rechonchos, amorfos o desangelados,
sin alma, sin talla ni forma definida,
pero sigo sin darme por vencido, persistencia.

Tu sigue intentándolo. El triunfo es para los que perseveran.
ResponderEliminarUn abrazo.
Me temo que soy un negado, Cayetano, y el triunfo es una quimera.
EliminarUn abrazo.