Cuando espero,
pasan lentos los días,
con la parsimonia de no dar un palo al agua,
ni recibir órdenes en contrario.
Todo fluye como se decanta la brisa,
a veces picoteando insistentemente en la ventana
y otras bajo el desamparo de la dejadez,
conducida con absoluta desgana.
Estoy esperando saber de ti,
conocer los intríngulis
de esa música sin cadencia ni ritmo
que anuncia tu llegada sigilosa
o el vértigo y estruendo de cuando te haces notar
y se agita como partitura llevada por el viento.
Ven. Ven pronto y rompe esta cadencia
de absoluta monotonía:
una pizca de sal y otra de pimienta
es el revulsivo que tanto necesito
cuando espero y nada acontece.

El que espera desespera.
ResponderEliminarY contra la pereza, palos en la cabeza.
Me he levantado hoy refranero.
Un abrazo, Paco.
Es cierto, Cayetano, pero has debido dar un salto con pértica y te has salido del refranero. Ja, ja, ja...
EliminarUn abrazo.
Por cierto, el de la foto es una mezcla entre vagabundo e Imanol Arias.
ResponderEliminarHoy estás chistoso y te mereces mis carcajadas.
EliminarDías de monotonía absoluta.
ResponderEliminarUn abrazo.
Son esos días anodinos que parece que se repiten, aunque cada uno tiene su identidad.
EliminarMuchas gracias, Musa.
Una cadencia interminable. Saludos
ResponderEliminarAsí es, Antorelo, como la vida misma.
EliminarSaludos.