Salgo al encuentro de la noche,
a buscar mi ayer en esas horas disipadas
que ahora no frecuento,
a medir la distancia entre lo que fuimos
y aquello en lo que nos hemos convertido.
Un gentío. Unos van y otros vuelven.
Las calles son un hervidero de sensaciones
entre foráneos y algunos autóctonos,
entre el aluvión que justifica
los numerosos apartamentos turísticos
y también el creciente censo hotelero.
Esta sociedad no se resigna a prescindir
del ocio ni de lo superfluo. Lo banal
es ahora la médula de lo enmarañado
en los avariciosos recodos del deseo.
Adelante. A todo trapo, pese a quien pese.
Las tapas se han alargado y ensanchado
y ahora son raciones extraordinarias
de igual calidad y mayor precio.
Salvo excepciones, si no llevas reserva,
te vuelves a casa tal como saliste.
Yo vuelvo por entre la hilera de naranjos
para no confundir el camino recto,
a encontrar en casa lo que salí a buscar
y a apagar el deseo de una nueva salida.
Se están volviendo invivibles nuestras ciudades. Los de bares y restaurantes se hacen de oro.
ResponderEliminarLa calle de la foto... ¿ pudiera ser Placentines?
Se ha perdido lo común, la cerveza y la tapa; ahora todo es extraordinario. Pudiera ser Mateos Gago, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
La fotografía es preciosa, Francisco...Sevilla se ha vuelto universal y comprendo que es difícil deambular por sus calles con tanta gente extraña y variedad de bares...Como bien dices, es bueno volver a casa a hallar la paz, pero también es bueno salir y charlar con la vida, aunque tengamos idiomas diferentes...
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y feliz fin de semana, amigo poeta.
Mi vida profesional, desde muchacho, se desarrolló en la hostelería y se forjó charlando y conociendo lenguas y formas de pensar bien diferentes, pero esto es otra cosa absolutamente distinta que nos ha cambiado la sociedad, también esa que nació a la sombra de la vieja hostelería.
EliminarUn abrazo entrañable, María Jesús.