31 enero 2026

YO TUVE

 




Yo tuve una pecera,

una esfera de cristal transparente

con casquete truncado a modo de boca,

como la ansiosa búsqueda de libertad.


Yo tuve una jaula,

una cárcel preciosa donde un pájaro amarillo

cantaba sus tristezas entre rejas de alambres

y me deleitaba con sus trinos amargos.


Yo tuve la aviesa fortuna

de quebrar el cristal de la pecera,

y se derramó el agua,

y se derramaron hasta el suelo los peces,

y aquella libertad momentánea fue la puntilla

para aquellos colores agitados

que por siempre perdieron la movilidad.


Entonces, y solo entonces,

supe que no tenía una orquesta en casa,

sino una prisión con barrotes y sin sentencia,

donde un pájaro amarillo hacía mis delicias,

a cambio de su cadena perpetua.


Ahora tengo que salir a la naturaleza

para poder deleitarme de esa musicalidad

que no me pertenece…

Y resulta que hasta las flores ínfimas,

los troncos retorcidos o las copas esbeltas,

así como los hierbajos, en libertad y sin nombres,

tienen un atractivo misterioso en los que me deleito.

4 comentarios:

  1. Mala cosa jaulas y peceras, cárceles aunque sean de oro o diamante.
    Un abrazo, Paco.

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    1. La rotura me hizo comprender eso que dices, Cayetano.
      Un abrazo.

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  2. Así hicimos muchos cuando echábamos de menos la naturaleza. Ahora sabemos disfrutarla al natural.
    Un abrazo pareja.

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    1. Ya veo que seguimos el ejemplo uno del otro y eso me satisface, Rafaela.
      Un abrazo.

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