La roca, seguramente sueña
en sus pétreas entrañas
el latido que le empuja a imaginar,
a soñar esa vida escondida
cuyo pálpito conoce,
pero le sobran muchas esquirlas
antes de vislumbrar la figura concreta
por la que será desplazada y conocida.
En ese anonimato pétreo,
la luz mortecina en lo recóndito,
el alma aún no exenta
que oculta sus formas en la espera.
En la cantera, una veta exquisita;
en el cargadero, anonimato durmiente,
materia amorfa antes del devastado;
en el taller, luz que se anuncia
y se vislumbra tras cada golpe,
hasta quedar integralmente exenta.

La roca es la pareja del último Premio Pamema.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco.
Mientras no sea del último Pamplina, todo va bien.
EliminarUn abrazo.
Muy poética la transformación de la roca. Saludos
ResponderEliminarMuchísimas gracias, Antorelo, por tu apreciación.
EliminarSaludos.