Me iré, seguro que me iré
como se fueron mis mayores
persiguiendo una sombra sin rastro,
en silencio sepulcral y definitivo.
Aquí se quedaron sus escasas pertenencias,
aquí las penalidades y también los logros:
el abuelo dejó de vaticinar mirando al cielo
y su reloj de bolsillo se quedó sin cuerda
durmiendo una larga siesta en el chaleco.
A la abuela le quitaron su delantal
y se acabaron las golosinas para siempre,
como se acabaron los relatos y sus mimos.
Se fue mi padre cuando todavía era
un vástago verde y florido,
aunque erosionado por tanta intemperie.
Más tarde, después de una larga soledad,
se durmió mi madre en febrero
y desde entonces sus días son infinitos.
Me iré. Cualquier día me iré sin cita previa
y hasta es posible que sea bien acogido.
Me iré y, como ellos, dejaré todo lo sólido,
-al tiempo que insustancial-
y los que queden interpretarán mis rastros
según los dictados de sus corazones.
Me iré. Hace tiempo que me entreno
para enfilar con éxito la recta de meta.
Aquí no queda ni el tato. Pero los pájaros seguirán cantando, que diría El Juanrra.
ResponderEliminarLa imagen que has elegido vendría muy bien como portada del vinilo aquel con el tema "stairway to heaven", canción recomendada para aquellos que dicen que no les gusta la música rock.
Todo es probar. Menos reguetón, cualquier cosa es buena.
Un abrazo, Paco. Hoy no salgas mucho a la calle. Mejor en casita.