02 febrero 2026

DUERMEVELA

 




El despertador hace guardia

en la mesita de noche,

con sus dos minutos de adelanto,

y se mantiene en silencio expectante.

Ya es hora, pero el cansancio sigue desbordado

y se oculta de las primeras luces del alba.


Sobre los adoquines,

repiquetea la lluvia mortecina y mansa

como arrullo que invita a estirar la noche

más allá de sus fronteras naturales.


Ella es ausencia presente

que respira armónica y sosegada;

busco sus pies

y me responden al estímulo desplazándolos

hacia un encuentro acaramelado.


Entre las sombras,

el acusador ofrece su gesto contrariado

y amenazante, capto la sutileza

y me deslizo de entre las sábanas

buscando torpemente con los pies las zapatillas:

no hay dudas, a la noche le queda pequeño

su pijama de rayas.


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