Varios millares de hoplitas
marcialmente formados y uniformados,
un número incontable de lanceros
escoltan el arroyo por ambas márgenes
y velan de su integridad
hasta donde la visión se hace borrosa.
Uniformados de verde,
y los de mayor rango y antigüedad
sus distintivos ocres de madurez
y también de abnegación y fiereza.
En constante formación y raigambre,
se mecen con la brisa y se agitan con el viento,
siendo el armonio de las largas esperas,
los silbidos sin partitura de la columna
y la marcialidad como suma característica.
Su formación no es atacante,
sino de fortaleza defensiva e inexpugnable.
Y en el tiempo florido,
cuando la gestación lo cree culmen oportuno,
se adorna con penachos que intimidan,
al tiempo que le dan un aire festivo y alegre.

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