La vida real no bulle
en la fascinación del centro de la ciudad,
donde moran las instituciones,
el comercio, el deslumbramiento
de los escaparates
y lo inaccesible para la gran mayoría.
La vida real late en las periferias,
donde el funambulista
de este pan para este queso,
y el partir y el compartir
alcanza a duras penas para todos.
En la mesa de las periferias,
hay muchos que no llegan a ocupar
un puesto de comensal;
mientras en el centro
se mira con lupa la opinión de otros
para saber elegir acertadamente.
La otra cara de la ciudad, la que el visitante no ve, como hacemos nosotros cuando visitamos Roma o París.
ResponderEliminarSaludos.
Así es, Cayetano, la ciudad monumental, el escaparate; pero la inmensa mayoría de los ciudadanos viven en las periferias.
EliminarUn abrazo.