Como en los sueños,
la mar llega hasta mi orilla,
tierra adentro, acumulando deseos,
complaciendo recuerdos
y estabilizando la agitación
de tanta disputa y enfrentamiento social.
Una ola incita y da paso a la que sigue,
arropa y recibe a la que se estrelló
contra la espuma de la precedente:
una amalgama, una coreografía
en la que todas participan, la misma mar,
el mismo salino y abrazo salobre.
Entre conversaciones y silencios,
ninguna disputa por suplantar a la otra,
ningún ademán de fuerza violenta;
ni jerarquías con codas eternas,
ni imposiciones hostiles y flagelantes.
Pierdo mi mirada en el horizonte,
en esa línea figurativa e idílica
entre lo terreno y lo celeste,
entre la vorágine de lo humano y lo divino.
Miro, admiro, me recreo y comparo,
para inmediatamente soñar
y, con suerte, encontrar en sueños la huida
de esta realidad tan mediocre como anodina.

Buscar una evasión en esta realidad, como bien dices, mezquina y aburrida.
ResponderEliminarUna necesidad.
Un abrazo, Paco.