Y de repente,
mientras uno se encuentra
descansando,
la mente remonta el vuelo
para planear en la distancia
física o cronológica,
y se ve envuelta en
conceptos
que evocan el pasado remoto
o el futuro inalcanzable.
Nostalgia: huella que no
llegó a dejar cicatriz,
pero que al volver sobre sus
pasos
hay algo que acaricia
y hay algo que también
escuece.
Olvido: como el concepto de
perdón,
una lucha de titanes que
vuelven a escena
una y otra vez,
que se repone periódicamente
sin que logremos enterrarlo
para siempre.
Ocaso: miedo a lo perenne,
a que a la tranquila estampa
no le suceda la
correspondiente aurora
que vivifique la secuencia
una vez más.
Infinito: donde se enraíza
la esperanza,
de lo inalcanzable,
ese más allá donde lo
imposible
se hace certeza para
siempre.
Madre: donde la nostalgia se
vivifica,
soslaya el perdón con el
olvido para siempre,
su marcha es un ocaso sin
aurora
y confío que el infinito me
la devuelva
para gozarla eternamente.





