Un trozo de papel, un bolígrafo,
un borrador que intenta enterrar
abiertamente aquello que piensa y calla
en el interlineado de lo que comunica;
un intento creativo que quizás
acabe en la papelera sin haber germinado.
En la playa, los pies desnudos
se asemejan unos a otros más de lo imaginado,
pero no hay dos huellas idénticas,
como tampoco son iguales dos olas consecutivas,
aunque forman parte de la misma partitura
y gozan del mismo punto de sal.
Así también las palabras escritas o pronunciadas
y las que pasaron por la mente
sin billete de ida y vuelta,
y hasta sin haber reservado alojamiento.
Con frecuencia, entre líneas,
aquello que escuece y sobresalta,
arropado de palabras que evitan la desnudez
y se cobijan en lo más íntimo.


















