Hoy musité a solas tu nombre
y el silencio me envolvió en tu eco,
la ausencia solo fue traba
para quedar trenzados en un abrazo,
donde tu figura era evasiva ausencia.
Eras brisa, eras eco, eras distancia,
eras ese polvo de estrellas
que sustenta la bóveda de mi cielo,
que das cobijo a mi esperanza
y me hace soñar en lo imposible.
A veces la espera es fatiga inútil,
pero el peor de los males,
-con mucho-
es perder la esperanza;
pues todo palpita y florece,
reverdece y colma:
nada efectivamente amado se esfuma,
todo es continuidad,
es lluvia de estrellas que se eterniza.
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