A Antonio, mi amigo, en estas circunstancias.
A veces cuesta salirse
por el peralte de la curva de la vida
y ascender o descender sin frenos
por el desfiladero de la dulce eternidad.
A veces no entendemos
que la uniformidad es una falsa entelequia
tan burda como inexistente,
que cada uno es cada quien
y que tanto la salida como la llegada
llevan nuestras señas de identidad
y también el visado del tránsito.
A veces no comprendemos
que hay que soltar amarras
y, aunque sin billete de regreso,
es imposible demorar la señal
que nos indica salir a escena.
Cuando se atoran los caminos,
cuando la ciencia se siente desbordada
y no le queda otro recurso
que el consuelo de los paliativos,
entornar los ojos es el azucarillo
con el que aderezar la despedida
y decir adiós sin aspavientos
para poder sepultar los sufrimientos.

Toca madera. Todavía no me toca.
ResponderEliminarSalud.
¡Lagarto, lagarto, Cayetano! A mí tampoco.
EliminarUn abrazo.
Como en la película Conoces a Joe Black?, al preguntarle la Muerte a la paciente si se iba con lindos retratos y ella decir que sí, eso es lo esencial, irse en paz y con bellos recuerdos, un abrazo grande para vos y tu amigo, Francisco!
ResponderEliminarDifícilmente pensamos en estos momentos como protagonista, pero es algo que sucede cada día en nuestro entorno. Gracias por tus buenas intenciones, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Siento estos versos y ahora comprendo tu Glosario del otro día, que sí me gustó, pero como se suele decir "perdono el caldo por los tropezones"
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Tracy. Ya descansa. El entierro será esta mañana a las 11 h.
EliminarUn abrazo.