Hemos aparcado la esperanza
y nos agitamos en la convulsión del noticiario,
al albur de las veleidades de los más grillados,
entre estallidos y estridencias
que surcan los aires
con tino de muerte y diana personalizada y certera,
mas los acostumbrados daños colaterales
mirando hacia las materias primas
y los combustibles.
Instalados en la sinrazón,
niegan lo obvio y votan a la contra y en contra,
como si desdecirse les afianzara
en lo inmaculado.
Una mujer, posiblemente del este,
rebusca en los contenedores
con la esperanza de mitigar el hambre
y algunos sermonean con la jaculatoria
de que vienen buscando la paguita.
Vivir es no perder la esperanza,
obstinarse en llegar a conocer el mañana,
aunque los pronósticos anuncien malos tiempos
para la lírica.
Los bares han enterrado las tapitas
y han descubierto cómo se agitan las registradoras
con los cubiertos y servilletas,
los menús y las suculentas raciones.
Se asocian las ideas afines,
aunque antes se hayan puesto como hojas de perejil,
y se digiere lo indigerible
con tal de sentarte a la mesa y disfrutar el pan,
así como las suculencias del poder.
Desde el puente, más que una panorámica clara,
se divisa un maremágnum.

No me digas que los bares " han enterrado las tapitas". Asco de turistas pidiendo "paellas" a las seis de la tarde, con la caló.
ResponderEliminarAbrazo.