Mira como amanece,
mira esos primeros rayos de luz
cómo se van engrosando y levantando
de sus nocturnos bostezos y ya son destellos
que han sometido a las sombras.
Escucha la brisa por entre las hojas de los árboles,
oye cómo se despeina la copa, cómo danzan
sin llegar a poner en riesgo los frutos
que le dan color y se incendian
con las primeras luces del día.
Toma una buena bocanada de aire fresco,
llévalo sin pausa hasta tus pulmones
y trata de retenerlo por unos instantes,
asumiendo como propio el gozo y renuevo
que algo tan vital concede a tu cuerpo.
Ahora, tomada conciencia del nuevo día,
piensa en mí como yo no dejo de pensar en ti:
a la vuelta, cuando nuestras miradas se encuentren,
seremos como vasos comunicantes
que se placen el uno en el otro plenamente
sin dejar de contemplarnos.

La naturaleza y el amor, todo al unísono.
ResponderEliminarUn abrazo.
Cada nuevo día trae esperanza arropada por la paciencia.
ResponderEliminarUn abrazo