Su peluche, tierno y lanudo,
el sustituto de los brazos maternos,
cuando tras contarle una historieta
lo deja a solas, mientras la luna,
en toda su redondez y esplendor
ilumina los recovecos del sueño.
Una redondez de plata,
con sus brillos y sus matices estridentes
que le ayudan a imaginar e iluminar
las arduas batallas de lo imposible,
y de cuantas actividades diurnas
afluyen a su mente como objetivos a conquistar.
El firmamento todo es ascua de luz
que tinta la noche de azul intenso
y a los ensueños de aventuras mil
y de esperanzas enroladas
en su mismo quehacer temerario.
Por la mañana asistirá al desconsuelo
de un sol que ciega,
en lugar de una luna que acaricia,
pero volverá la noche, también sobre sus ojos,
y el cansancio y las indicaciones maternas,
le ayudarán a enrolarse de nuevo
en otra maravillosa aventura,
con la tierna ayuda de su lanudo amigo.
Así estoy yo por culpa de mis pastillas. Solo abro un ojo para ver de vez en cuando qué han puesto los amigos del blog y del feisbu.
ResponderEliminarUn abrazo.
A veces, ni siquiera las pastillas bastan; aunque es mejor abrir los ojos a una buena compañía.
EliminarUn abrazo.
Ver dormir a un niño es hermoso! Despierta ternura el saber que van a crecer y tendrán que enfrentarse a todo lo que les espera, tendremos que esta ahí para ayudarlos, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarLa infancia es un proyecto maravilloso que se cumple hecho realidad. Acompañarla, cuidarla y educarla es todo un reto.
EliminarUn abrazo.
La infancia son nuestras raíces, según como crezcan así será el árbol de nuestra madurez.
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