Pasan los días, pasan los años,
pasa la vida pitando, como pasa el tren,
contando y cantando paisajes,
y un bosque de acontecimientos
ulula por entre las ramas y las hojas,
son las huellas perceptibles
para cada quien en su intimidad.
Cada día un desafío, un reto que lidiar
en la oscura fronda de la intimidad,
donde se amontonan los fracasos
capitaneando lo bonancible con fiereza.
Pasan los días veloces y abrasando,
como se calcinan las hojas del calendario
en el barbecho del ningún acontecer,
con remoto y tortuoso eco a vacío.
Desde las proximidades a la meta,
mirar atrás es un océano proceloso,
un itinerario no siempre divertido
y tampoco ameno o fácil de transitar;
pero le pusimos empeño y coraje
y aquí andamos, enjaretando los día.

Siguiendo a Larra, no sé si son los días que pasan o somos nosotros los que pasamos.
ResponderEliminarUn abrazo.