La paz, quietud absoluta,
superficie del agua en el remanso
de un plácido estanque,
la línea del horizonte en la planicie
que invita al sosiego;
hasta que cae una hoja,
o quizás un pequeño guijarro
e inaugura círculos concéntricos
que rompen el espejo de la superficie.
Basta un flequillo anaranjado
y una lengua estropajosa,
una ambición desmedida,
el ensueño de un aspirante a emperador,
la insaciable apetencia de lo ajeno,
o un repentino aumento de aranceles;
los desasosiegos de un temporal
o el radicalismo de una trama política
que ansía lo del otro a toda costa,
para desestabilizar en un traspiés
el equilibrio precedente
y hacer del presente,
con nocturnidad y alevosía,
un futuro imperfecto.

El mundo en manos de psicópatas e idiotas. Una combinación explosiva. Nunca mejor dicho.
ResponderEliminarSalud.
Y lo asombroso es que hay personas que protestan porque no se le apoya a tal disparate. No sabemos como acabará esta locura, pero sus ambiciones son ilimitadas.
EliminarUn abrazo.
Qué hace que un ser humano quiera destruir a otros? Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarDetrás de todo están los bienes económicos: veamos lo sucedido con el petróleo de Venezuela.
EliminarUn abrazo.
Lo has bordado.
ResponderEliminar¿Punto de cruz, cadeneta, realce...? Ya me dirás qué estilo de bordado es tu preferido. Jajajaja...
EliminarUn abrazo.
Todos te salen bien.
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