Unas palabras escritas,
tal vez vocalizadas,
un compendio de suspiros del alma
lanzados en las redes sociales,
como cuando sestean las hojas de otoño
y las mueve la brisa o el vendaval,
sin otro destino cierto
que allá donde buenamente caigan
y fácilmente se acomoden.
Unas palabras meditadas,
talladas por el sonido y ritmo de sus vestigios,
que se harán memoria indeleble
o tal vez olvido insospechado,
y el desaire a todos los esfuerzos
habrán sido un afán fallido.
Un día se agotarán las pilas
que me proporcionan energía vital
y callaremos a un tiempo,
sin el menor rastro de interés;
todo será noche profunda,
silencio sepulcral y abandono.
Así, quedas, silentes y átonas,
en un sueño profundo
que ni altera ni conmueve,
pasaremos a la inexistencia
con el eco apagado del olvido
como epitafio inconmovible.

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