Unas palabras escritas,
tal vez vocalizadas,
un compendio de suspiros del alma
lanzados en las redes sociales,
como cuando sestean las hojas de otoño
y las mueve la brisa o el vendaval,
sin otro destino cierto
que allá donde buenamente caigan
y fácilmente se acomoden.
Unas palabras meditadas,
talladas por el sonido y ritmo de sus vestigios,
que se harán memoria indeleble
o tal vez olvido insospechado,
y el desaire a todos los esfuerzos
habrán sido un afán fallido.
Un día se agotarán las pilas
que me proporcionan energía vital
y callaremos a un tiempo,
sin el menor rastro de interés;
todo será noche profunda,
silencio sepulcral y abandono.
Así, quedas, silentes y átonas,
en un sueño profundo
que ni altera ni conmueve,
pasaremos a la inexistencia
con el eco apagado del olvido
como epitafio inconmovible.

Pero las palabras sobrevivirán, Enrique, un abrazo!
ResponderEliminarSeguro que nos sobreviven las palabras, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Perdón, Francisco, es que vine de su blog!
ResponderEliminarNada que perdonar. Todos cometemos errores.
EliminarOtro abrazo.
Pero seguirán siendo tuyas esas palabras que un día reuniste y regalaste como lectura sin esperar nada a cambio. Bueno, tal vez un saludo o un breve comentario. Como este.
ResponderEliminarTodo sea bienvenido, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
¿Qué dices?
ResponderEliminarLamento que no te haya gustado.
EliminarUn abrazo.