Mira como amanece,
mira esos primeros rayos de luz
cómo se van engrosando y levantando
de sus nocturnos bostezos y ya son destellos
que han sometido a las sombras.
Escucha la brisa por entre las hojas de los árboles,
oye cómo se despeina la copa, cómo danzan
sin llegar a poner en riesgo los frutos
que le dan color y se incendian
con las primeras luces del día.
Toma una buena bocanada de aire fresco,
llévalo sin pausa hasta tus pulmones
y trata de retenerlo por unos instantes,
asumiendo como propio el gozo y renuevo
que algo tan vital concede a tu cuerpo.
Ahora, tomada conciencia del nuevo día,
piensa en mí como yo no dejo de pensar en ti:
a la vuelta, cuando nuestras miradas se encuentren,
seremos como vasos comunicantes
que se placen el uno en el otro plenamente
sin dejar de contemplarnos.

La naturaleza y el amor, todo al unísono.
ResponderEliminarUn abrazo.
Cayetano, no estoy para perder el tiempo, que van quedando pocas dianas a las que responder levantándose: todo al unísono.
EliminarUn abrazo.
Cada nuevo día trae esperanza arropada por la paciencia.
ResponderEliminarUn abrazo
Es verdad, Tracy, cada nuevo día un nuevo ofrecimiento al que dar respuesta,
EliminarUn abrazo.
El apuro moderno no da lugar a la contemplación serena, gracias por recordarnos que debemos hacerlo para sentirnos bien, Francisco, un abrazo!
ResponderEliminarA estas alturas de la vida es aconsejable fijarse en el menudeo de las cosas, en esos flecos que tiempo atrás pasaron desapercibidos o no tuvimos tiempo de meditar sobre ellos. Muchas gracias por tu seguimiento, María Cristina.
ResponderEliminarUn abrazo.