A Antonio, mi amigo, en estas circunstancias.
A veces cuesta salirse
por el peralte de la curva de la vida
y ascender o descender sin frenos
por el desfiladero de la dulce eternidad.
A veces no entendemos
que la uniformidad es una falsa entelequia
tan burda como inexistente,
que cada uno es cada quien
y que tanto la salida como la llegada
llevan nuestras señas de identidad
y también el visado del tránsito.
A veces no comprendemos
que hay que soltar amarras
y, aunque sin billete de regreso,
es imposible demorar la señal
que nos indica salir a escena.
Cuando se atoran los caminos,
cuando la ciencia se siente desbordada
y no le queda otro recurso
que el consuelo de los paliativos,
entornar los ojos es el azucarillo
con el que aderezar la despedida
y decir adiós sin aspavientos
para poder sepultar los sufrimientos.

Toca madera. Todavía no me toca.
ResponderEliminarSalud.