En los libros late la
vida,
crece y se manifiesta la existencia
a imitación de la vida
misma.
Los libros son la cárcel
de todo el saber,
un encierro condicionado
al pálpito
de quien lo toma en sus
manos,
lo sopesa, pasa sus dedos
por el lomo
y la portada y abre la
solapa
buscando una nueva
sorpresa
más allá de la
contraportada o la ceja.
De momento no sabe si le
llevará a Ítaca
o al mismo Tártaro. Relee
el título
y se siente atraído por la
dedicatoria.
Salta sobre la presentación
y hojea el índice;
después del cuerpo de
capítulos
examina la bibliografía y
evita el epílogo:
tan solo sabe que necesita
hacerse con él.
En los libros la
innovación y las tradiciones,
todo el saber y el sabor
del conocimiento,
de la historia y los descubrimientos,
del amor,
la épica, las gestas, la
ambición y el poder,
las fuerzas de la
naturaleza, el miedo,
la traición, la política,
las conquistas,
las derrotas, el heroísmo,
el lirismo,
las bajas pasiones, la
soledad, la esperanza…
En los libros: la vida más
allá de la vida.






