Me gusta cazcalear sin meta,
no tanto buscar como encontrarme,
sorprenderme y deslumbrarme
en los pequeños descubrimientos,
esos que son como bisutería
del ornamento diario de la vida.
De repente una estrella reluciente
en medio de la vegetación,
un destello amarillo o una amapola
que reclama del caminante su atención,
a condición de que lo haga
a lomos de lo imprevisto
y centrado en la fascinación.
En el micro mundo de lo pequeño,
de lo superfluo, habita lo fascinante;
es ahí donde los conocimientos patinan
y se hace un eslalon hacia lo lúdico,
ahí donde recrearse y admirarse,
sin otra expectativa que el gozo del instante
en el refugio secreto y cercano a la infancia.
Ahí es donde se encuentra el misterio de las cosas, que nos habla y nos anima a seguir adelante...Hay que seguir caminando y buscando con los ojos del alma los mensajes y señales que nos envia la naturaleza, amigo poeta.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y feliz semana.
A nuestra edad podemos encontrar esos momentos, cuando somos jóvenes nos lleva por delante la vida, un abrazo Francisco!
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