Pasear descalzo por la orilla,
sentir el frescor y la salinidad
por los tobillos y sortear
algún que otro canto,
pulido o no por la erosión,
o una ola imprudente y juguetona que salpica.
La naturaleza y la belleza maridan
y nos ofrecen lo más sutil
de sus poses y misterios.
Allá a lo lejos, el enigma de lo desconocido,
la delineación horizontal
de una línea inexistente y los cánticos
que mecen las olas
o hacen soñar con las sirenas;
en lo inmediato, bajo los pies,
cuando el capricho se hace fortuna
y nos devuelve los tesoros recónditos,
las valvas nacaradas,
los cristales romos y perfilados
y el destello de un tesoro que tiene más de fantasía
que de peso específico y biseles imposibles.
Lamer la orilla, pasear descalzo
antes de que el sol nos dispare sus saetas,
y hacerlo ilusionado en un bello encuentro.
Descalzo pero con cuidado, esos bellos tesoros del mar pueden dañar los piececitos, precioso poema, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarHola, cómo estás. Paso ha dejarte mi nueva dirección: https://patriciapalleres.blogspot.com/
ResponderEliminarSaludos, Pat
Pasear descalzo por a orilla, todo un ritual, que nos llena de paz, de equilibrio y de esperanza, porque el mar nos llena de su grandeza y su misterio.
ResponderEliminarMi abrazo y feliz semana, amigo poeta.