Ayer fue un día para la esperanza,
pero lo bonancible se agota
como el mismo sol al caer la tarde,
y nos recuerda la caducidad
de cada uno de sus elementos.
Tomó posesión la tristeza,
y se anudó en las cuerdas vocales,
con la afonía y el pánico
como instrumentos de tortura.
Al caer la tarde, vino en auxilio
el alumbrado público, y lo vigoroso,
tan solo tintineaba a duras penas.
Con el proyectado fanal amarillento,
vislumbré tu mirada de tristeza
y se confirmaron mis dudas.
He dormido de sobresalto en sobresalto,
pero ayer corresponde al pasado
y hoy solo quiero afianzarme
a la esperanza que ayer solo fue efímera.
Que siga la esperanza, Francisco, un abrazo!
ResponderEliminarLa vida empieza cada día, amigo poeta...Mi abrazo y mi ánimo.
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