La intimidad desbordada en las calles
por la pérfida maledicencia,
como agua derramada y sin cauce
en juicio sin cortapisas ni comedimiento,
como un tajo en yugular ajena,
el intimismo carnal descarnado
en floración exuberante
que se ofrece a las miradas,
las descalificaciones y vejaciones
como menú del día en redes sociales
y en bocas locas,
sin otra misión que el insulto, ese
que se descalifica a sí mismo.
Detrás de cada movimiento,
la hipérbole como desajuste al mal gusto
y el ultraje como objetivo de culto.
Demasiada indigestión y pestilencia.
Demasiado lenguaraz desbordado.
Demasiada conducta bochornosa.
¡Cuán desmedidos excesos!

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