El futuro es esa inmensidad
que está al otro lado del amanecer,
cuya morfología no conocemos,
y que, por lo general,
se elabora con mayor primor
en los rudimentos de la imaginación
que destejiendo sus mimbres
cuando pasa a pretérito imperfecto.
Un descanso reparador, y se trasluce,
la deriva que toma el nuevo día,
el cumplimiento o la negativa
de los ensueños y sus proyectos.
Desde la panorámica octogenaria,
solo espero seguir macerando este pasar,
-en el dulzor de los míos-
ser coherente en todo lo que digo y pienso,
y abrazarme al sueño indefinido,
-llegado el momento-
sin oponer ninguna resistencia.
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