Una estrella fugaz,
un sendero de luz vertiginoso que,
urgido del relumbrón de la órbita,
es defenestrado al instante
en la densa oscuridad de la noche,
antes de ser fagocitada
por una fuerza telúrica que la descompone.
Tal vez, un agujero negro,
el brocal por el que se pierden
aquellos que no guardan la formación,
y pueden dejar en evidencia
la armonía de lo gobernado,
y de sus inequívocas leyes.
Por el sumidero de lo anómalo,
las vicisitudes excéntricas
que podrían poner en evidencia
el impuesto juego de equilibrios
y hasta las constantes vitales
de cuanto existe.

Apropiada metáfora de lo efímero y también de la locura de la humanidad. Hay misiles similares que nos apuntan y amenazan con aniquilarnos en un santiamén.
ResponderEliminarUn abrazo.
Y hasta es posible que lleve nuestras coordenadas, Cayetano. Nos vamos a tener que comprar una peluca color zanahoria, a ver si funciona.
EliminarUn abrazo.
La estrella fugaz! Te cuento Francisco que una vez creí ver una a lo lejos y era un helicóptero, gran desilusión! Un abrazo!
ResponderEliminarAhora, con la mucha contaminación lumínica no es fácil verlas. Pero hace unos años fuimos a la sierra con unos amigos a tratar de ver las Hespérides, una noche de agosto, y fue maravilloso.
EliminarUn abrazo.
intrigante poema
ResponderEliminarsaludos
Pensar es muy saludable, Carlos.
EliminarSaludos.