La felicidad es un estado grave,
un estado muy grave del alma
que se desborda de los caminos,
como se desparraman las luces,
antes de que las sombras lo invadan todo
y todo lo subyuguen.
No. No es la abundancia,
ni lo sobrexcedido de luz que se derrama
con generosidad y no traspasa el cristal
sin rayarlo;
es aquello que se recibe o se da
con las manos abiertas de la generosidad.
Es el rescoldo amoroso del seno materno,
el dispendio de la madre
de aquello que le es escaso
y lo da a manos llenas.
Es el acurruco de la abuela
que esconde en el delantal
los mimos que ha ido acumulando
para el encuentro.
La felicidad es gozar plenamente dándose,
aunque se acuse recibo
de la carencia del todo.
“Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón”.

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