Fotografía de Ana Escalera
Efímero, como la interpretación
de una melodía en la calle,
disputando con el ruido ambiente
y con la sonoridad del digestivo
reclamando sus necesidades.
Ha venido desde algún lugar
a lomos de la precariedad,
deambula por la intemperie
y así lo lleva sellado en la piel
con tonalidades de bronceado.
En su musicalidad es mayor el empeño
que el virtuosismo, pero se afana
y logra pasar por otro callejero
al que muy pocos prestan oído,
y aún menos quienes dejan su dádiva.
Se afana en los compases de un pasodoble
con el deseo de poner al público de pie,
pero le falta el desgarro y la torería
con la que hacer que se echen mano al bolsillo
y se den por enterado de su presencia.
Tras el desplante del respetable,
vuelve al refugio de sus aires patrios,
y quienes pueblan los veladores
siguen empeñados en escanciar,
sin ton ni son, con música o sin ella.

Es triste, me pasa a veces viajando en tren que van por los vagones entonando canciones, siempre les doy algo, me conmueve su intento, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarDebiéramos corresponder con cierta gratitud al gesto generoso que nos brinda su música.
EliminarUn abrazo, María Cristina.