Una estrella. Una única estrella
en el firmamento
como rúbrica ininteligible
de lo desconocido.
Una mirada repentina, de soslayo,
levantando la vista del libro
y llegando a mezclar
dos mundos insolubles
en el descarrilamiento
de una no intencionada interrupción.
En los renglones,
una historia que pierde interés
entre la sombras de la galaxia infinita
y de oscura trascendencia.
Tomo aliento, respiro,
y resuellan ante lo oscuro
las viejas inquietudes que siempre aguardan;
flotan en el aire
transportándome fuera de mi
y de mis apetencias,
a lomos de la nebulosa de lo inevitable.
Por más que la miramos, ella va a permanecer callada, sin desvelarnos de qué va la lectura.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ella es realmente prudente y sigilosa.
EliminarUn abrazo.
Hace dos noches que sólo veo al Lucero, ahora parece una pequeña avioneta allá lejos, me impresiona lo mucho que ha crecido con los años. Tu estrella te dio estos versos que hoy nos traes, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarRealmente me los dio ella, pero con complicidad de que los compartiera, para que también tú puedas disfrutarlos-
EliminarUn abrazo.
Esa estrella que nos hace soñar, mientras leemos...La imaginación se dispara y el espíritu lo agradece, amigo poeta.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y feliz fin de semana.
Si mirando al cielo no soñamos, es que no tenemos la conexión sideral que nos comunica lo que hay al otro lado de la vida conocida, María Jesús.
EliminarUn abrazo.