Una estrella. Una única estrella
en el firmamento
como rúbrica ininteligible
de lo desconocido.
Una mirada repentina, de soslayo,
levantando la vista del libro
y llegando a mezclar
dos mundos insolubles
en el descarrilamiento
de una no intencionada interrupción.
En los renglones,
una historia que pierde interés
entre la sombras de la galaxia infinita
y de oscura trascendencia.
Tomo aliento, respiro,
y resuellan ante lo oscuro
las viejas inquietudes que siempre aguardan;
flotan en el aire
transportándome fuera de mi
y de mis apetencias,
a lomos de la nebulosa de lo inevitable.
Por más que la miramos, ella va a permanecer callada, sin desvelarnos de qué va la lectura.
ResponderEliminarUn abrazo.