Alborea. Se descorre la mantilla
y se intuye con nitidez la mañana.
Es primavera. Remolonea la luz
y torpemente se ha diluido la noche.
El tránsito está siendo inequívoco,
pero le quedan al alba demoras,
visillos traslúcidos que descorrer
para que se adentre la mañana.
En el claror, se han apagado las estrellas,
aunque una apaisada y móvil veladura
siembra de terca incertidumbre la llegada
del portillo del día con cierta retranca.
Ya asoma la mañana, el sol pespuntea
sus haces de luz y va anegando las sombras;
ha vuelto la radiación solar a su equilibrio,
tras un anecdótico y primaveral titubeo.

No quería amanecer pero, pese a todo, lo ha vuelto a hacer.
ResponderEliminarTal vez no nos lo merecemos.
Un abrazo.
Quizás yo no lo merezca, pero tú eres merecedor de todo lo bueno.
EliminarUn abrazo.
El sol ya aparece, las densas nubes se van diluyendo, preciosos versos, Francisco!
ResponderEliminarCuando uno busca la belleza, finalmente se alcanza, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Qué preciosura...!!
ResponderEliminarCómo recoger tanta belleza...?
(desde el cielo te sigue leyendo...)
Mi abrazo entrañable, amigo poeta.
Ambos seguimos amando a "preciosura". A mí personalmente me enseñó a mirar con dulzura y amabilidad a personas y cosas. Guaro el recuerdo de haberle escrito a diario cuando supe que estaba enferma. Al final, cuando ya no podía leer, se lo leía su nuera... Y así hasta el último día. Ojalá esté en el lugar preferente que yo le deseo y finalmente nos encontremos un día.
EliminarUn beso al cielo.
Con lo bonito que lo pintas, no sé cómo no me levanto más temprano para disfrutarlo...
ResponderEliminarUn día lo haremos de la mano, y lo disfrutaremos mucho más.
EliminarUn abrazo.