Me siento vacío,
llega la tarde con la amenaza
de cierre inminente,
mientras deambulo por el barbecho
de tachaduras y borrones,
con ese tacto huidizo
que repta y se desliza
fuera del área de todo posible control.
Un nuevo reajuste,
un verbo que transita por entre los reglones
y que no se ajusta
ni ética ni estéticamente.
Hay adjetivos que, por su peso específico,
arrastra significantes y significados
hasta el lodazal mugriento de lo oscuro;
en cambio otros aportan la luz
que no es siempre posible encontrar.
En el bullicio de las urgencias,
se acortan los tiempos
y pierde rotundidad sonora la eufonía,
el doble sentido y la gracia.
No sé si busco lo que no existe
o es este el varadero al que estoy sometido
que no me deja ver con nitidez
cómo y dónde encajar cada pieza.
Buscar es siempre un esfuerzo,
a veces infructuoso,
pero hacer el ajuste preciso y engarzarlo,
es como la afortunada rúbrica
que da por acabada
una singular obra de arte.

Somos muchos los que a veces experimentamos esa sensación de vacío, de inestabilidad, de difícil equilibrio en la vida.
ResponderEliminarSaludos.