Fotografía de Ana Escalera
Jovial, inocente, divertida,
la ciudad le resulta un mundo convulso,
una mezcolanza de ideas
y también de intereses,
-a veces contrapuestos-
En la homogeneidad de la campiña,
el trigo es uniforme de camuflaje
y el campesino sólo piensa en cálculos,
ni siquiera en silos o en levadura
para tantísimo fermento,
sino en la escalada de su cuenta corriente.
La mirada se pierde en la uniformidad
del cereal como cuerpo de ejército,
en formación de revista, mientras Ana,
su joven criatura, juguetea con la cámara
entre un mar de espigas idénticas.
A lo lejos, junto al otero, una mancha carmesí,
un receso improductivo para recrear la mirada
que andaba perdida en la monotonía,
un jolgorio enrojecido de sorpresa
en la que la joven clava su aguda visión.
En medio de la homogeneidad,
la simpleza del decorado improductivo,
una escenografía de encarnado júbilo,
el guiño que concita el objetivo de Ana
y de todas las miradas ociosas.

Trigo uniforme, espigas idénticas... Tu amigo Rubén diría "espigas unánimes". En el fondo todas van al unísono. Y para una niña que juega entre ellas eso es lo normal.
ResponderEliminarAbrazo.
El niño quizás sea yo. Ana es fotógrafo y sus fotos suelen hablar por si solas. Ella consiente que yo le ponga texto y en ese juego la he devuelto a ella a la juventud.
EliminarUn abrazo.
Descubrir un tesoro en medio del campo! Un abrazo Francisco, precioso homenaje para Ana!
ResponderEliminarEsas pequeñas islas púrpura en medio del trigal, no forman parte de la cosecha, pero rompen la monotonía y dan colorido y alegría.
EliminarUn abrazo.
Mi flor silvestre preferida.
ResponderEliminarNo tienes mal gusto, Tracy.
EliminarUn abrazo.