Tengo un amigo que padece esquizofrenia -tratada larga y penosamente- y me ha llamado agónico de dolor por la muerte de su padre. Ha sido encerrado en casa por sus familiares para que no pueda acudir al sepelio, y que de este modo todo trascurra en paz. ¿Pero en paz para quién? ¿Para su padre ya cadáver? ¿Para él que en su confinamiento no piensa en otra cosa que en el suicidio? ¿Para sus familiares que se libran momentáneamente de su personalidad trastornada?
Me encuentro a más de trescientos kilómetros de distancia de los hechos y sólo hallo consuelo en la oración. Esto es un grito desesperado como los que acabo de oír por teléfono de esta criatura que, a sus más de cuarenta años, es tan frágil y vulnerable como un bebé. ¡Únete a mí! Pide por Francisco, para que su corazón herido no encuentre otra salida que las lágrimas y todo acabe como hace unas horas, cuando aún no conocía la notica.
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12 mayo 2010
Estos días programa el Teatro de la Zarzuela de Madrid Los diamantes de la reina, una zarzuela de las llamadas grande, que fue estrenada el 15 de septiembre de 1854, dos años antes de que se inaugurara dicho teatro. Su autor, Francisco Camprodón, hizo una bella e inteligente adaptación de la opera-cómica francesa Les diamants de la couronne, de Eugène Scribe. La música es obra de Francisco A. Barbieri: una virtuosa creación, perfectamente ensamblada con las circunstancias de la acción y la idiosincrasia de los personajes, donde lo hispano se hace un lugar propio.
Se narra una peripecia con mezcla de drama histórico y comedia sentimental, como corresponde a los gustos de la época, donde todavía pervivía el deleite por el romanticismo. La acción se desarrolla en la corte portuguesa, tras el reinado de José I, durante la minoría de edad de su hija María Francisca. Consta de tres actos, localizados en tres escenarios bien distintos: el primero corresponde a una cueva, refugio de ladrones, donde la futura reina -disfrazada- se hace pasar por sobrina de Rebolledo, el jefe de la banda; el segundo tiene lugar en los jardines de palacio del Conde de Campomayor, lugar en el que Diana va a contraer matrimonio en contra de su voluntad; el tercer acto acontece en el Palacio Real de Lisboa, en el momento en el que Catalina va a ser coronada reina. Tras los ocultamientos de personalidad y las peripecias de desenmascaramientos, todos los personajes resuelven sus problemas amorosos, por la bondad de la monarquía, envueltos por la romanza de Catalina ¿De qué me sirve, oh cielo?, uno de los momentos cumbre de la zarzuela que termina con el feliz y brillante coro y marcha de la coronación: Rasga los aires eco marcial.
Una zarzuela que deja el regusto de ópera, en la que destacan números musicales como: el bolero cantado por Catalina y Diana en el acto II, Niñas que a vender flores; el coro de monederos falsos, Vuelta al trabajo, basta de holgar; la balada con que Catalina enamora al Marqués, En noche callada; y el dúo de Sandoval y Catalina, ¿Por qué me martiriza?. Una escenografía extraordinaria, una orquesta fabulosa y unos intérpretes con largos repertorios operísticos que les avalan. Los momentos divertidos los ponen las situaciones de farsa, especialmente acentuados por el coro y “los apartes” de algunos personajes que hacen complicidad con el público. ¡Magnífica puesta en escena!
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Espectáculo
11 mayo 2010
DEL DERROCHE A LA AUSTERIDAD
Cuando vivimos las mieles de la bonanza económica, nos parece que todo en la vida es un camino ascendente, un progreso indefinido que no puede tener vuelta atrás. Nos acostumbramos a vivir la dulzura del estado del bienestar y ello lleva parejo mirar cada día más y en exclusiva para nuestros propios intereses, sin importarnos qué está sucediendo con quienes están fuera de nuestros límites; entonces fortalecemos nuestras fronteras y afilamos los colmillos de nuestros perros de presa poniendo siete candados a nuestras pertenencias: el disfrute de los bienes se han convertido en el motor de nuestras vidas.
Hemos vivido la orgía del derroche y ahora nos toca bailar con la austeridad; un duro trago para todos los que pensábamos que nada tiene fin y que los dispendios del ayer sólo eran bagatelas para lo que nos esperaba en el futuro. ¡Qué esperanzado es el viaje de ida y que triste el de regreso! Se nos olvida con demasiada frecuencia que la vida es un camino, un movimiento continuo con sus subidas y sus bajadas, con sus curvas y sus rectas, con llanos y precipicios; ojalá que aprendamos la lección y que la hiel de la austeridad sirva de lección a nuestros herederos, aunque ya sabemos que nadie aprende sino de sus propios fracasos.
Hemos vivido la orgía del derroche y ahora nos toca bailar con la austeridad; un duro trago para todos los que pensábamos que nada tiene fin y que los dispendios del ayer sólo eran bagatelas para lo que nos esperaba en el futuro. ¡Qué esperanzado es el viaje de ida y que triste el de regreso! Se nos olvida con demasiada frecuencia que la vida es un camino, un movimiento continuo con sus subidas y sus bajadas, con sus curvas y sus rectas, con llanos y precipicios; ojalá que aprendamos la lección y que la hiel de la austeridad sirva de lección a nuestros herederos, aunque ya sabemos que nadie aprende sino de sus propios fracasos.
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Sociología
09 mayo 2010
OBJETIVOS DEL MILENIO
Mientras el primer mundo tiene fiebre por los efectos de la crisis económica y ha tenido que salir al paso de los errores de las entidades financieras con fondos públicos, mientras que el dólar y el euro se enquistan en una sutil batalla de hegemonías, mientras la Unión Europea salva de la bancarrota -a regañadientes- a Grecia para no ser arrastrada en sus estertores agónicos, mientras que en España el Madrid y el Barça sueñan con la derrota del otro para ser campeones de liga, la fiebre del primer mundo se hace epidemia en los países pobres. La ilusión sembrada por Naciones Unidas en el 2000 para sacar a una parte muy considerable de la población mundial de la muerte evitable, duerme hasta 2015 la inquietante espera del fracaso.
Ocho fueron los Objetivos del Milenio, ocho los compromisos que tienen pocas trazas de verse cumplidos en tiempo y forma, mientras millones de criaturas pagan con sus vidas la lacra que les lastra:
• Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
• Lograr la enseñanza primaria universal.
• Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
• Reducir la mortalidad infantil.
• Mejorar la salud materna.
• Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
• Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
• Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
A día de hoy, estos objetivos están más cerca de la frustración que del éxito, pero no hay de qué preocuparse: detrás vendrán otras declaraciones grandilocuentes que marcarán nuevos objetivos y nuevos plazos, más espera y más desesperación para quienes sólo tienen el derecho a morir.
Ocho fueron los Objetivos del Milenio, ocho los compromisos que tienen pocas trazas de verse cumplidos en tiempo y forma, mientras millones de criaturas pagan con sus vidas la lacra que les lastra:
• Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
• Lograr la enseñanza primaria universal.
• Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
• Reducir la mortalidad infantil.
• Mejorar la salud materna.
• Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
• Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
• Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
A día de hoy, estos objetivos están más cerca de la frustración que del éxito, pero no hay de qué preocuparse: detrás vendrán otras declaraciones grandilocuentes que marcarán nuevos objetivos y nuevos plazos, más espera y más desesperación para quienes sólo tienen el derecho a morir.
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Sociología
08 mayo 2010
JUEGOS DE AZAR
Hace mucho que dejé de probar fortuna con los juegos de azar, desengañado de perder continuamente y aleccionado por un sabio amigo que me hizo comprender cómo lo que se reparte en premios es muy inferior al cincuenta por ciento de lo jugado; “luego -me decía- matemáticamente, siempre te va a tocar perder”. Me habló de combinatoria, variaciones, permutaciones… aunque cuando realmente lo comprendí fue aquel día en el que mi antiguo vecino Enrique tuvo la desgracia de acertar y ser castigado con un premio, nada despreciable, que le llevaría a su ruina física, moral y familiar.
La lotería es un dardo que quiere hacer diana en la esperanza del hombre, si bien lo que logra es la desesperanza más absoluta. Se trata de un juego con el que sacar lo poco que tiene a los que de todo carecen, y así ocurre que cuando mayores son las necesidades económicas, más alta es la participación de la gente en los juegos de azar. La semana pasada, al pasar junto a uno de estos establecimientos, me dije: ¡total sólo son cinco euros! He pasado cuatro días elucubrando con el dardo que se me había clavado en el centro mismo de mi esperanza: puse mi fe y mi ilusión en el premio que recibiría y llegó a desvelarme la planificación de la nueva vida que me esperaba. Y es que cuando se pone la mirada en lo que no da la vida, ésta se pierde.
El juego resulta atractivo porque alimenta nuestra avaricia, o sea, nuestra esperanza de poseer más; la contrapartida moral es que sirve para arruinar a los tontos.
La lotería es un dardo que quiere hacer diana en la esperanza del hombre, si bien lo que logra es la desesperanza más absoluta. Se trata de un juego con el que sacar lo poco que tiene a los que de todo carecen, y así ocurre que cuando mayores son las necesidades económicas, más alta es la participación de la gente en los juegos de azar. La semana pasada, al pasar junto a uno de estos establecimientos, me dije: ¡total sólo son cinco euros! He pasado cuatro días elucubrando con el dardo que se me había clavado en el centro mismo de mi esperanza: puse mi fe y mi ilusión en el premio que recibiría y llegó a desvelarme la planificación de la nueva vida que me esperaba. Y es que cuando se pone la mirada en lo que no da la vida, ésta se pierde.
El juego resulta atractivo porque alimenta nuestra avaricia, o sea, nuestra esperanza de poseer más; la contrapartida moral es que sirve para arruinar a los tontos.
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Sociología
04 mayo 2010
CONCATENACIÓN
Como el golpe precede a la herida
y la sutura a la cicatriz;
como la noche es la antesala del día
y el silencio es la obertura de la palabra;
como la esperanza desbroza al desaliento
y la armonía florece en la discrepancia;
así la vida es el prólogo de la muerte
y ésta de la Vida ab aeterno.
y la sutura a la cicatriz;
como la noche es la antesala del día
y el silencio es la obertura de la palabra;
como la esperanza desbroza al desaliento
y la armonía florece en la discrepancia;
así la vida es el prólogo de la muerte
y ésta de la Vida ab aeterno.
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Poesía
02 mayo 2010
MI CUERPO Y TUS MANOS
Mi carne vocea quebrantos
que se hacen mixturas
cuando se vara en la playa altiva
del lienzo inmaculado;
allí el encuentro, allí la entrega,
y en los rizos táctiles de la singladura,
el pálpito y sopor de un sueño
que se hace eterno
en la inconsciencia del vértigo
preñado de espera.
Olas tibias surcando trémulas estancias
de océanos infinitos,
como arrancados a la arcana existencia
que sobrenada espumas de nácar;
de repente, un vahído, y el pabilo
tenue se incendia y se remansa,
y lanza ayes de consuelo:
dulcísimos unos, ázimos los menos.
Tiempo dormido en las ondas
de un fluir extremo, extraño,
extenso como la laxitud
que duerme vigilias imaginadas;
una música leve acaricia
con balsámicos ecos los recovecos
desnudos y el abordaje se trastoca en consuelo.
Un instante, un mundo, un galope,
una eternidad de relojes frenados,
un tiempo laso que pasa y se posa
como el disparo de un diafragma,
como la inexistente duermevela
que rehabilita los pretéritos
y retoca de azules las derivas.
Mi cuerpo y tus manos:
La tecla táctil que desactiva el tiempo.
que se hacen mixturas
cuando se vara en la playa altiva
del lienzo inmaculado;
allí el encuentro, allí la entrega,
y en los rizos táctiles de la singladura,
el pálpito y sopor de un sueño
que se hace eterno
en la inconsciencia del vértigo
preñado de espera.
Olas tibias surcando trémulas estancias
de océanos infinitos,
como arrancados a la arcana existencia
que sobrenada espumas de nácar;
de repente, un vahído, y el pabilo
tenue se incendia y se remansa,
y lanza ayes de consuelo:
dulcísimos unos, ázimos los menos.
Tiempo dormido en las ondas
de un fluir extremo, extraño,
extenso como la laxitud
que duerme vigilias imaginadas;
una música leve acaricia
con balsámicos ecos los recovecos
desnudos y el abordaje se trastoca en consuelo.
Un instante, un mundo, un galope,
una eternidad de relojes frenados,
un tiempo laso que pasa y se posa
como el disparo de un diafragma,
como la inexistente duermevela
que rehabilita los pretéritos
y retoca de azules las derivas.
Mi cuerpo y tus manos:
La tecla táctil que desactiva el tiempo.
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Poesía
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