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06 julio 2026

ASOMADO

 




Nací asomado al mar,

ventana universal,

abalconada y mirando al horizonte,

donde los barcos eran incitación

provocadora hacia otros mundos,

tan desconocidos como sugerentes.


Los vencejos y golondrinas dibujaban caprichos,

generosas dádivas y arabescos de amor,

entrelazando endechas y sonatas armoniosas,

evocadoras de un mundo de ensueños.


Crecía entre arrumacos,

y rodeado de espesura, verdor y naturaleza;

los pies en la firmeza sólida y rural

donde la vinculación era estrecha armonía,

y a las espalda el infranqueable muro caliza

de la Sierra Blanca como escolta afable.


El día presidido por el sol, los juegos

y uncido con norma a las obligaciones;

de noche un firmamento iluminado,

inspirador de aventuras y densas sombras

del ultramundo lejano y desconocido.


Ahora,

en los arrabales de la edad postrera,

sigo aferrado a la ventana,

donde se trasluce el horizonte

desde estos pasos titubeantes,

aunque no dejo de soñar.

4 comentarios:

  1. No es mala vista, no. Y si viene de tiempos de la infancia, mucho mejor.
    Abrazo.

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    1. Así es, Cayetano, la ventana de mi dormitorio tenía esa vista sobre los tejados del pueblo y al fondo la mar.
      Un abrazo.

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  2. Qué precioso lugar para nacer y vivir, Francisco, un abrazo!

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    1. Era una vivienda muy humilde, pero llena de amor, María Cristina.
      Un abrazo.

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